
Son hongos.
Hongos en mis dientes y mi lengua.
Mis cuerdas bucales oxidadas
igual que las de mi vieja guitarra virgen.
Solos, la tacita y yo
Y al unirse a mis bostezos, un lápiz y un papel
empieza la fiestecita de té.
Solos, en este mundo aburrido
proclives a la infecciosa impertinencia
de blasfemos pseudo poetas desertores de la dicha.
Solos, como errantes filántropos
que a cambio reciben un martirio.
¿Qué es peor que dar falsas esperanzas?
Pues dárselas a esta pobre desdichada.
Impulsivo es el auxilio que yo pido.
Han ganado esta batalla: mis miedos
¿Ya no hay nada?
No. Sólo tu rostro inexpresivo y mi apatía.
