jueves, 26 de noviembre de 2020

La superficie.


Desde el lugar más profundo de un mar virgen, la llama vuelve a encenderse. 

La burbuja desde la que viajé llegó a la superficie, y reparé en el amanecer más bello de todos, uno en el que tú me esperas con tus enormes ojos, gobernantes del océano, fijos en mí.

Llevas un tridente que haces sonar con melodías imposibles, al compás de tu cabellera de oro, que se torna de colores con las luces de un escenario en el que tú y yo solos estaremos.

Enciendo mi cigarro y te veo más hermoso que nunca, con cierto misticismo tras el humo que exhalo.

Tus manos son frías, pero tú mirada es como el reflejo del sol en la arena, y dora mi piel hasta sus últimos escombros. Viajé tanto sólo para poder tomar tus manos y sostener una sonrisa tuya en ese rostro fantasmagórico que ahora me demuestra ser el único al que debí iluminar con mi amor, ya que todos aquellos que dejé atrás no merecían ni un pensamiento, por más efímero que haya sido. Tú eres mi todo, e iré por ti.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Te extraño


Mi frutero está vacío y se enfrió el café con leche que me preparé. Es el mismo que tanto te gustó, y que yo rechacé volvertelo a llevar. No sé por qué lo hice.

No sé por qué una fuerza me detiene cada vez que mis impulsos me quieren llevar a tus brazos, y dormirme embriagada del perfume de tu pelo rizado.

Hoy, sentada en ésta enorme mesa de vidrio y cedro, viendo mi reflejo demacrado, decir que te extraño es poco.

Te añoro, te anhelo. Deseo tanto tu presencia junto a mí que me hace perder la cabeza. 

Pensé que alejándome estaría mejor, pero ya es muy tarde.

Mis lágrimas silenciosas se preguntan si tambien me extrañarás, pero mi mente, ya demasiado enferma, me sugiere que ni siquiera piensas en mí. Quedé en el olvido y mis huellas por fin se borraron de tu balcón. Tus ganas de mí ahora le pertenecen a otra, o tal vez a nadie.

Llego a la misma conclusión de siempre: el abandono de mi padre.

Quiero gritarte que te extraño, y abrazarte por horas, hasta fusionarme contigo y desaparecer en tu cuerpo. Gritar que no puedo estar sin ti, que te necesito. Pero mi boca permanece cerrada. Mis ojos resecos de tanto ver la pantalla, esperando que respondas mis breves mensajes, que no dan mucho a entender de todo lo que pesa sobre mis hombros, pero tu silencio es más crudo que la frialdad de mis textos. 

Decir que te extraño es poco. Decir que te quiero es poco. Decir que te necesito, es menos.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Salamanca



Llego a un hogar roto, como aquella pieza que podría repararlo, pero mi intención solo es huir de la caja en la que fui olvidada, como una antigüedad sin valor. Kari, tu hija, sonríe y me hace recordar a mí, cuando no quería hacer las tareas y prefería dibujar en mis cuadernos, pero ella lo hace en su portátil: Los tiempos cambian.

Tú me recibes con una alegría muy breve, y te desvaneces en mis brazos, muy débil. Te ayudo a recostarte y leo un libro mientras tú descansas junto a mí.

Dicen que el amor más puro es aquel dónde no hay sexo, y hoy pude dar fé de ello: el único contacto que tuvimos fue el de ese abrazo que nos da unos momentos de vida y un beso en la frente. Los temblores en su cuerpo tienen a su cabeza como epicentro, la cuál emite descargas eléctricas que recorren sus nervios hasta hacer cortocircuito, colisionando en su piel. Así lo convierten a él en un lugar inhabitable, que sólo yo me atreví a explorar y cuidar. 

Así es como cada luna nueva rodeo su delgadez con mis brazos, y lo lleno de caricias cuando lo siento quebrarse, para así unir todas sus piezas y evitar que colapse.

Cuido de él con la misma dedicación que un arqueólogo le pone a antiguas ruinas a punto de destruirse, pero invaluables, como él.

Amanecemos sin la resaca de nuestro propio sudor, y me despido dejando un rastro de migas de pan, como Hansel y Gretel, esperando que me encuentres también en mi solitaria morada.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Soledad



Mis sentidos están en un vaivén por los ansiolíticos. No puedo percibir más que la suavidad de mi cama solitaria, impregnada sólo de los pelitos de mi gata.

Hoy, que tuve un día libre por primera vez en tanto tiempo, pude percibir con la mayor nitidez, el ápice de mi soledad.

Porque una botella fría de líquido adormecedor se puede evaporar en mi garganta, o las altas dosis de somniferos adormecer un poco éste dolor calcinante bajo mis párpados, que me hacen erupcionar y queman mi rostro. La soledad son lágrimas que te lloro a ti, a él y a todos aquellos a quienes tanto me aferré, y que nunca pudieron quedarse. Cada mirada contenía un tesoro distinto, uno que sólo contadas veces pude ver brillar, pero se apagaban al verme tornarme azul.

Hoy sólo pienso en el mar, las gigantescas ventanas de vidrio, las copas de vino y la música de Fiona Apple. Un sueño hecho realidad hace tanto tiempo. Uno de los mejores días de mi vida. Y tan cerca estuve de repetir ese momento perfecto... Pero el autosabotaje pudo más.

Me odio.

Me odio.

Me odio.

Me odio.

Me odio por rendirme tan rápido, pero no puedo luchar: mis armas están desgastadas y listas para destruirse al primer ataque tuyo.

Sólo una última caricia de tus manos. Sólo un beso en mi frente, un abrazo, una sonrisa, y podrás resucitarme de éste lujoso mausoleo sin salida.

La Molina

Los recuerdos táctiles son mayores a los que pude ver.

Las mañanas cálidas, cuando me despertaba impregnada de ti, a la luz de un sol que no superaba mi felicidad, y la forma cómo preparabas el café mientras yo peinaba mi cabello formaban un escenario que hubiese querido recrear por el resto de mi vida.

Pero decidí cortar la cinta.

La película que juntos protagonizamos, como el nuevo comienzo de nuestras ansias por tenernos, terminó. Yo le di fin, antes de que tú lo hagas.

Yo sé que te irás. Te desvanecerás y quedaré fuera de las mañanas de café y palmeras danzantes que tanto amé con brevedad.

Desde tu balcón presentí que otras manos se entrelazarían con las tuyas y otros cabellos perfumarían tus almohadas.

Una piel más morena.

Sé que estás a punto de irte, y me lo ocultas. Pero fui más rápida y supe de tu partida, para ser yo quien se vaya, pero dejando una nota en la que borre los "te amo" que se atascaron en mi garganta. 

Porque aún te pertenezco. Sólo que tú, a mí, ya no.