
Me estoy hundiendo en las tinieblas, lentamente. La gargantta seca, mis pies sin poder desplazarme.
Me recuesto en mi cama, muerta al fin.
Los ojos ya no puedo abrir, pues el llanto hinchó tanto mis párpados que no me permiten mirar.
Los gemidos no cesan y el frío empeora, hasta que logro ponerme de pie y, cabizbaja, intento mirarme en el espejo.
A nadie le gusta una cara tan triste; a ellos les da asco las lágrimas secas; he envejecido con la depresión.
Miro por la ventana y hay gente, sin importarme que tal vez por allí haya alguien. Aquel que pueda salvar mi vida.
Quizás pido mucho, o quizás no. Todo lo que sé es que lo busco.
Alguien a quien pueda escribirle
sin que éste me ignore o me hiera.
Alguien que me acompañe en el llanto,
alguien que me diga "te quiero",
o por qué no mejor "te amo".
Alguien a quien pueda amar libremente
sin sentirme arrastrada, o "una más"
alguien que llene mis tardes
con todo lo que ahora está vacío.
Que me llame y hablemos cientos de horas
y al colgar me vuelva a llamar, sólo para recordarme que me quiere.
Alguien que baile conmigo toda la noche,
no me importa si tiene dos pies izquierdos.
Alguien a quien pueda besar mil veces sin hacerme sentir utilizada
o a quien pueda abrazar, otras mil veces, y no me rechaze o me empuje.
Quisiera a alguien que me sonría en la oscuridad
e ilumine toda tiniebla que pueda perseguirme,
alguien que tome mi mano y me llene de calidez.
Que se preocupe si me ve bebiendo, o fumando
y me diga para ir a tomar un café los domingos.
Alguien con quien pueda viajar,
así nuestro presupuesto sea bajísimo,
alguien a quien yo pueda pintar y mirar con admiración.
Alguien que acepte mi alma, mi arte y mi mirada
y no me desprecie, me humille o juegue con mi sentir.
Quiero a alguien que nunca he tenido, y probablemente sea mucho pedir...


