sábado, 30 de enero de 2016

Momentos



Hay momentos fértiles, en los que aramos metas y hacemos indestructibles nuestros tesoros. Momentos para producir más que algo que tocamos: sensaciones.
Hay momentos que se confunden con un sueño, y que se entrelazan con la ilusión.
Nos ilusionamos con momentos que a veces pasan y a veces no.
Cada segundo es un momento, y son gotas que forman un espejo en el cual se refleja nuestro ánimo.
También hay momentos malos: son aquellos que, renuentes a nuestra felicidad se atascan en el reloj, ralentizando el suplicio.
Hay momentos tremebundos, cuando la ilusión pende de un hilo muy frágil a lo desconocido. Cada decisión nos lleva a un mundo distinto, y se convierten en ramas de un árbol infinito.
Hay momentos que se intentan repetir, mas nunca son iguales, cada uno es una huella dactilar en nuestros recuerdos.

viernes, 15 de enero de 2016

Dunas



Apaga las luces, no quiero que veas mi rostro después de haber llorado tanto, ya que te hará recordar a  aquellos malos sueños de los que despertabas muy asustado cuando eras niño, es decir, hace no mucho tiempo.
No quiero que me veas llorar cuando hagamos el amor otra vez, o tal vez sería mejor no vernos hasta que pasen las centurias necesarias para poder olvidarme de aquel, cuyas cadenas voy rompiendo poco a poco.
A veces sus imanes atraen lo que queda de grilletes en mis manos, porque paulatinamente él me busca como un detector de metales en la playa, para tomarme prisionera otra vez y separarme de mi ya tranquila soledad.
Mi cuerpo se ha convertido en un reloj de arena destrozado, ya perdí la noción de cuánto ha tomado él de mi juventud, yo supongo que más de la mitad, o tal vez toda. Me dejó como dunas que antes eran mar, baldía y muerta, sin la posibilidad de que otro habite en mí. Sin la posibilidad de que tú estés en mí, o siquiera te animes a acompañarme para apaciguar la ventisca que no me deja dormir en la madrugada, esa que está en mi cabeza revolviendo cada partícula suya en la que no deja de estar presente, sólo se mueve constantemente, pero siempre está en mí.

jueves, 14 de enero de 2016

Me perdí.



Me gusta perderme en espejismos, mientras tú eres el oasis en medio de mi desértica soledad, que me hizo perder la percepción de la realidad. He naufragado en el olvido, pero tú aún sigues buscándome, intentando anclarme a tus orillas y seduciéndome como pececillos coloridos en medio de la aridez de mis propios pensamientos vacíos.
Soy una chica mala, tan mala que huyo de tus buenas intenciones. Soy mala como el granizo que destruye despiadadamente lo que intentaste cultivar para mí. No me importa más que bailar sobre insectos que antes temía y tornarme anaranjada al desnudarme bajo el ocaso: Soy inmpúdica e indomable como lo que salía de tu boca cuando me sometí a ti, hace tanto tiempo.
Las avionetas pasan, pero no me interrumpen, porque estoy perdida y me gusta estarlo, hasta que la sed regrese:
mi sed de ti.

lunes, 11 de enero de 2016

Tú y yo



Ésta vez huí de ti. Me precipité al inmenso abismo que te rodea, porque tú eras lo único que pude percibir, aunque vaporoso y casi invisible ante los objetos punzo cortantes de éste barrio de mierda en el que caminé muchas veces junto a ti, en otras épocas.
Corrí a ciegas a casa, una casa que dejó de ser hogar también. Oí tu llamado, pero hice caso omiso: o eras tú o era yo. Y así me despedí sin decir una palabra. Me despedí por enésima vez, de una de las mil maneras en que me despedí de ti. Tal vez haya otras futuras despedidas, pero bienvenidas nunca más.
Y así nos convertimos en muertos vivientes. Estamos juntos en una oficina de afable apariencia, pero habitada por dos cuerpos sin alma, porque tú no tienes alma. Nunca la tuviste, o tal vez murió antes de conocer la mía y que tu cuerpo me la arrebate. Mi alma yace en algún lugar en lo más recóndito,mientras yo cometo el error de buscarla en estantes de ropa y perfumes, o tal vez en una pizza, no lo sé. Somos seres desalmados, putrefactos. Hemos muerto hace tanto tiempo que ya no puedo recordar lo que es sentir algo, ni siquiera tristeza. Lo único que me queda es una pizca de odio, que aflora cada vez que me recuerdas que nunca me amaste ni me amarás. Es ese último gajo de sentimentalismo lo que me hace continuar viviendo sin la necesidad de deshacerme de ti

jueves, 7 de enero de 2016

El mar



[*]Hay dos últimas mitades de durazno en el fondo de la lata de conserva. Están juntas, inertes y congeladas, como nosotros las últimas noches que dormimos juntos. El almíbar sobrante lo vierto en un vaso, le agrego vodka y agua. Bebo mi improvisado veneno mientras me asomo a la ventana, para ver con nostalgia el aburrido escenario de mi calle, iluminado de amarillo. Allá afuera, en la inmensidad, duermes. Sé que piensas en mí y no puedes dormir por mi culpa. Perdóname.
El mar. Tú eres como él, ya que no me quieres dejar ir: Me arrastras a ti y me tomas a la fuerza.
Pero, ¿Qué hago yo pensando en el mar si mi calle es lo menos marino que puede existir? Porque es, en momentos como éste, cuando te pienso: Ahora te siento como olas, como una gélida caricia de espuma en mis pies, como si invocaras al mismo Poseidón a mi morada, mis ojos se irritan con la sal de tus aguas y me ahogo en tu abrazo. Pero me gusta. Me gusta porque eres como el mar.

domingo, 3 de enero de 2016

Soy un desastre



Lo que me dejó ciega ésta vez fue el reluciente espejo de tu armadura. Me hizo ver pequeña ante tu total majestuosidad.
Eres la perfección de todas mis imperfecciones. Tengo miedo, mis temores son un enorme bosque en total penumbra, a través del cual apareces, imponente, a tomarme sin pedir permiso y guiarme. El miedo sigue ahí, pero tu presencia resulta un alivio a mis eternos autocuestionamientos.
No puedo caminar más y me detengo, mi cuerpo es joven pero mi mente lonjeva, pues tú abarcas años luz en ella, haciendo que cada paso sea como arrastrar el peso del mundo.
Lo siento. Soy yo quien ahora te pide perdón, yo te he abandonado por completo y ahora tú vuelves a mí, pero más resplandeciente que nunca.
No lo merezco, soy nada
Soy nada y todo a la vez, pero un todo que sólo tú puedes ver. No voy a mirarte a los ojos, temo que veas en los míos todo el desastre que soy. Soy un calamitoso desastre, soy quien nunca quise ser mientras tú eres quien nunca pensé que serías.
No me escuches si te digo que te alejes: Quédate, tómame y conviérteme en aquella que encontraste hace tanto tiempo,

Intermitente



Me gusta el color de tu piel en la madrugada, cuando ya casi amanece. Está en escala de grises, como si se tratara de un agradable recuerdo, pero se encuentra en mi más excelso presente.
Invades mi mente por completo y extiendes mi insomnio, no permites que nadie más entre en mí, acaparando todos mis sentidos en la candorosa tersura de tus manos, que, a la vez, son atrapa-sueños que reconfortan mi descanso.
Tu cabello es una aurora boreal que atrapé bajo mi techo, se enreda en mis dedos mientras éstos se esconden bajo tu cuello, protagonizando secretos que recordaremos al caer el telón de la noche.
No tengo prisa, aunque el tiempo pase más rápido; te tornaste tenue, para no distraer mis ojos con banal colorido y sólo poder trazar con mis manos todos tus rincones, a ciegas. No necesito más que tu tacto, tu aroma y el frescor de una ventana abierta para evitar ahogarnos en suspiros o en tu gemir intermitente.
Búscame en la oscuridad, no necesitarás nada más que tu boca.