miércoles, 29 de julio de 2020

Infierno


Hoy confirmé por fin que el infierno está aquí.
Todas esas historias de ángeles y demonios son sólo metáforas de lo que nos rodea, y yo estoy condenada al castigo eterno con breves temporadas de descanso en el paraíso, cuando ya estuve mucho tiempo en la oscuridad.
Mis pies son glaciares que hicieron naufragar barcos fantasmas, y ésta vez están quietos en mis sábanas.
Me he acostumbrado a dormir al borde de la cama, y dejé almohadas dispuestas junto a mí, imaginando que son tu cuerpo. Mis ojos están condenados a no cerrarse desde hace mucho, así que estoy frente una pequeña pantalla, leyendo banalidades mientras tu cuerpo imaginario me acompaña. 

2:00 am

Complicidad. ¿Cómo definirla entre nosotros? Para mí era el silencio entre nosotros. Uno que no me incomodaba, sino que abrigaba mis pies para que no fueran como los de un cadáver. Paz. Quietud. Eso era lo que yo entendía.
Pero para ti, no era eso.

3:00 am

Es hora de tensar fibras más delgadas que cabellos al máximo. Mis ojos sufren por la luz de la pantalla, pero es un sufrimiento que distrae al de mi alma. Mis pies no sólo están congelados: están cansados.

4:00 am

Veo una imagen que me recuerda a ti, y mi cabeza explota. Soy mil cántaros que destilan todo el dolor que tengo dentro. Lloro unos minutos con tanto dolor que empiezan las náuseas, pero me detengo. Mis pies están tan fríos que me duelen. Estoy tan vacía que empiezo a rellenar me de mi propio sufrimiento. Se crea una espiral, un calvario inagotable. Una gigantesca tormenta de lágrimas que no termina, que parece durar años, pero solo fueron unos minutos. El concepto espacio - tiempo se pierde para mí.

5:00 am

Me canso de tanto. Veo a mi izquierda y la cuchilla está en el lugar exacto dónde la dejé la noche anterior. La tomo y la observo. Cada día está más oxidada, pero el filo sigue intacto como un perfecto final que recorrería todo radio - cubito, como Moisés partiendo en dos el mar rojo que llevará a su pueblo a la libertad. Una pequeña cuchilla es mi libertadora.
Pero soy cobarde.
No huyo. 

6:00 am. 

Mis lágrimas están casi secas, mi cabeza estalla de dolor, mi cuerpo está intacto y dejo la cuchilla en mi mesita de noche. Abrazo las almohadas, imaginando que son tú, y recién ahí puedo dormir. Mi rostro termina de secarse y por fin puedo dormir.

Mi ritual se repite desde el día que morí. Desde el día que te fuiste.

martes, 21 de julio de 2020

Tritón abismal.


Cuando el sol se oculta en el ocaso
bajo el mar se refugia
muy profundamente
para no descansar
sino convertirse en tus ojos.
Éstos brillan ciegos
cómo cuarzos tallados por las olas
bajo aguas temperadas
y regiones hostiles
en un nigérrimo abismo.
Tus escamas negras
y tus grandes aletas,
todo ello imposible de encerrar
en un acuario.
Tú eres el mar y el sol al unísono.
A pesar de vivir en una noche eterna
yo escogí hundirme a tus vastas aguas
para quedar ciega como tú,
pero igual de luminiscente.
Tu perfección es oscura
y muy difícil de comprender
pero tú y tu morada
juntos afinaron
mis noches eternas.
Desgarra mi carne con tus colmillos,
devórame.
Hoy seré tu presa
y mañana
mi sol serás tú.

martes, 14 de julio de 2020

Tú no lo sabes (escrito el 30/06/2020)


Tú no lo sabes
pero cuando estoy sin ti
es cuando más presente
estás.
Tu figura forma un fantasma cálido
dentro de mis sábanas
y tus ojos se incrustan
como gemas en mi frente.

Tú no lo sabes
pero me duermo abrazando
una almohada
o mejor dos
Imaginando que son tu espalda,
tu lomo de león.

Tú no lo sabes, pero te respiro
en la ausencia.
Te brindo con una botella
o mejor dos.

Tú no sabes o no supiste
que siempre te tuve conmigo
en cada noche
ausente de ti.
Siempre presente en cada fibra,
en cada átomo de mí.
Así tu ausencia
se tornaba dulce
o tal vez un poco amarga,
o mejor los dos.

domingo, 12 de julio de 2020

Papiro


Te desanimaste de mí, como quien rechaza y corta de raíz las rosas que se han secado, sólo para dar lugar a frescos claveles, que aunque no se comparen en absoluto a una rosa, están jóvenes y llenos de vida. No como yo: marchita y totalmente seca.
A pesar de que mis lágrimas fueron fundidas con el sol, me sequé, y ahora soy como un antiguo papiro en tus manos, que te cansaste de sostener y ahora dejaste con una historia incompleta y a punto de deshacerse en el olvido.

El peso del mundo


He perdido todos los sentidos ésta noche.
El mundo se derrumba junto a mí, y a pesar de que tuve las fuerzas para sostenerlo por ti, dejaste que se venga sobre mí y me aplaste hasta hacerme añicos.
Todas las noches tuve sueños en los que sólo pude abrazarte, a pesar de la distancia.
No me importó nada. Ignoré las manos tendidas hacia mí, porque sólo quería tocar las tuyas, así tuviera que atravesar una cámara de torturas en la que no puedes respirar más la brisa del mar, o el viento que entre los árboles se cuela.
Fui capaz de soportar el peso de todos los cadáveres que dejó la guadaña del 2020 sólo porque tú eras mi única luz al final de todo, pero te apagaste, y eres ahora como un zombie.
¿Por qué te sigo amando si ya estás muerto? Qué hago para traerte de vuelta?
Si tengo que arrancarme el corazón para que vuelvas lo haré, aunque me cueste mi propia vida. ¿Qué más da? Ya lo perdí todo.
En un segundo tenía todo, y ahora, nada.
Sin ti no tengo nada, ni siquiera a mí misma. Te llevaste contigo lo último que quedaba de mí, la última voluntad que tenía para continuar atravesando ésta mala broma que el mundo nos juega. Ahora, ¿Qué más da?