martes, 17 de octubre de 2017
Te fuiste (17/10/2014)
No sé si te acordaste de mí al final, ni si pensaste en mí antes de cerrar tus ojos para siempre.
No sé si te volveré a ver, si me estás viendo, ni tampoco sé si más que verme, en algún momento me viviste.
Quisiera recostarme a tu lado y que descansemos juntos. A veces envidio tu partida y quisiera ir contigo a donde sea que hayas ido. No hay razones para quedarse, eso lo tengo muy claro desde hace muchos años.
Aun así agradezco tu compañía, aunque sea en mis sueños, y todos los momentos que nos faltó vivir. Porque fuiste mi primer amor, el más puro de todos, el más temprano. Eres los primeros cantos de las aves al amanecer, uno que creó la primera sinfonía en la que mi corazón se volvió mártir de ilusiones pasajeras en un futuro que ahora es presente. Tú fuiste mi primer vehículo de creación. Fuiste, junto con tu cabello y tus ojos, el primer paisaje que vislumbré tras la grisácea humareda que me envuelve, y hoy te digo adiós. Un adiós sin retorno en el que te llevas, para siempre, mi primer pedacito de inocencia, de la cual ya nada queda.
Tú no me amas (parte 2)
Tú no me amas. Tú amas una sombra, el reflejo de un pasado que proyectaste en mi presencia, haciéndome creer que soy yo a quien tú amas, pero no hay mayor mentira en el espacio que nos separa.
Tú amas ser amado. Amas las mentiras que me tienen comiendo de tus manos. El laberinto infinito que creaste en mi cabeza, en el que soñé con encontrarte, pero tú nunca estuviste allí.
Amas mirarme y hacerme perder el rumbo en tus pupilas.
No me amas a mí, tú la amas a ella mientras que yo a ti te amo, y muy por encima de lo que el amor denota en sus miles de manifestaciones terrenales.
Te amo mientras que mi orgullo se disuelve y se escurre entre mis dedos, pero tú no me amas. Sólo soy una reconfortante verdad que te niegas a ver, pero que retiene lo que tú sí amas a través de mis ojos.
sábado, 30 de septiembre de 2017
La incorrespondencia
Me siento como en medio del océano, bajo la tormenta y los nervios por si moriré ahogada o no. Mi cuerpo tiembla y mi estómago se revuelve aún más que un huracán.
Los minutos son perpetuos cuando estás lejos de mí.
Imagino tu tacto y una ola de calor me atraviesa brevemente, pero entonces recuerdo tu ausencia y todo vuelve a congelarse: mis manos y el tiempo.
Mataría por tenerte cerca.
Sacrificaría cada noche de reposo, cada exhalo y pasos descalzos sobre la lluvia por un sólo roce de tus manos y vendería mi mundo real por el sueño de tu abrazo, por una sonrisa que calcine las estacas de hielo con las que otros han herido mi pecho.
¿Por qué me duele tanto no tenerte, si nunca fuiste mío?
Porque adentro de ese "nunca" hay un "tal vez" que percibí en la comisura de tus labios desde el primer momento en el que dijiste mi nombre.
Ojos del bosque
I.
Cuando el viento calla, la neblina despierta con el brillo del sol y me sonríe, de manera similiar a como tú lo haces conmigo.
Camino rápidamente, hasta llegar al trote. Bailo al compás de mi libertad, atravesando fuego y humareda mientras el canto de la lujuria adorna mi andar, y hace cosquillas en mis oídos; pero intempestivamente me detengo ante ti. ¿Por qué lo hice?
¿Qué tienes tú para que yo salga de mi erótico trance, de entre demonios desnudos que impidieron mi infelicidad tras un oleaje de desesperanza?
¿Qué tienes, que me sometes a tu presencia y no puedo continuar siendo libre, pero sin cortar mis alas o atar mis pies? ¿Por qué me detuviste?
Y es allí cuando me di cuenta, cuando por fin me cansé de contener la respiración como solía hacerlo para dar pase a más orgasmos. Dejé de hacerlo para llenar mis pulmones de ti y tu olor a cigarro. Así logré observar fijamente hacia mi propia perdición: tu mirada.
II.
Tus ojos son el bosque: no necesita haber un incendio forestal para arder, para callar al viento o encender al sol.
Ojos del bosque, que me atrapan en una jaula de selva virgen y domaron mi caminar irrefrenable por senderos subrepticios, jalando mis cabellos hasta arrancármelos, junto al descontrol de mis noches sodomitas.
Yo, obediente, me postro ante ti, junto las piernas y peino mi melena. Soy ahora una dócil muñeca de porcelana, pues me tienes bajo tu mando y tu mirada.
Jean
Sol mío, que enciende mis tardes con el frescor de una mirada dorada, atravesando ventanas invisibles en mi pecho para reposar el él, embriagándome de tu recuerdo.
Calmas mi sed y mi abstinencia al unísono en el que tu cabellera de roble roza mis mejillas, en cuanto apago las luces.
Podría dejar que tus manos paseen en mí, hasta borrar mi cuerpo del mundo real y llevarme a lo más intrínseco de tus deseos.
martes, 7 de febrero de 2017
Luna de verano
Noches de verano.
Sin páginas de atraso ni tampoco de adelanto.
La luna se desviste de su más brillante manto:
La niebla.
Niebla plateada, hoy no me escondas tanto
Al compás con el rocío, la luna emite un canto.
Canto de la noche.
Canto de suspiros.
Sólos, la eterna sonrisa del cielo:
la luna, y yo.
domingo, 22 de enero de 2017
No soy como ella
No verás fotos mías como las de ella, con una radiante sonrisa y vestida de cerúleo, con el peinado pulcro y ordenado que hace juego con unos ojos delineados milimétricamente.
No me verás caminar con la misma gracia con la que ella lo hace, en medio de una sinfonía de tacones y gasa al viento, mientras sus lentes de sol cubren unos ojos de párpados dorados y brillante rímel.
En su bolso de piel encontrarás perfumes, cremas y paletas de colores que nada tienen que envidiar al arco iris.
Ella siempre muestra sus dientes perlados al mundo, su mirada es cándida y sus gestos, tan suaves como la caída de los pétalos de las rosas. Nunca la escucharás decir groserías, ni veras palidez en sus labios carmesí.
Sé que te encanta, y morirías por un beso suyo.
Lo que no sabes es que, para ella, tú sólo eres un admirador más en su vida, una en la que sobran caballeros que no son merecedores de su perfección.
No te engañes a ti mismo, amigo, que ella no muere por ti. Quien lo hace, es la otra chica, sí, la que ves allá, mientras ella te devuelve una mirada de odio mientras fuma un cigarrillo y echa todo el humo por la nariz.
Su odio o, mejor dicho, mi odio, no es más que la máscara que impide que descubras la vida entera que yo daría por ti, pero tú no me miras, ni me percibes en lo más mínimo, y es que yo nunca sonrío.
Siempre estoy despeinada, mis uñas barnizadas de negro y descascaradas, con esos raídos jeans vaqueros, las converse rojas y la camisa leñadora que cubre sutilmente mis tatuajes y la remera despintada de los Ramones. Tal vez nunca porte en mi morral ni un sólo perfume, ni maquillaje o cremas faciales, pero llevo siempre un reproductor de música con todas las canciones que me hacen recordar a ti y al amor que jamás sentirás por mí.
domingo, 8 de enero de 2017
Tus ojos y tú (Escrito el 30/06/2016)
Soy transparente ante ti. Dejo de existir,
pues me he sometido para dejar que me encierres en tus ojos. El universo
comprimido en café bajo tus cejas, que proyectan un haz indescriptible: tu mirada.
Mis pies tiemblan y me dejo caer en ese cúmulo de estrellas, las que colecciono cuando el sol colinda en tus esferas de miel.
Mis pies tiemblan y me dejo caer en ese cúmulo de estrellas, las que colecciono cuando el sol colinda en tus esferas de miel.
Me has arrancado la máscara para descubrir
mi sonrisa maliciosa, pero yo sólo espero que lo hagas con el resto de mi ropa.
No importa qué tan desnuda esté, aún puedo
cubrir algunos de mis secretos con mis párpados, mientras que tú no me dejas
ver alguno de los tuyos, porque apagas tu propia luz para escondernos del mundo
mientras exploras las grietas y protuberancias de mi bosque prohibido.
Tus dedos son bisturíes dispuestos a mi total
fragilidad, pero al mismo tiempo soy el rastrillo que recorre tu espalda hasta
sembrar lo más salvaje de mí en lo carnal de tus desvelos.lunes, 2 de enero de 2017
El adiós asesino
No fui yo quien decidió irse, fuiste tú.
Dentro de mí sólo había estupidez, la cual llamo al mar de esperanzas en ti que contuve todo éste tiempo en el cual tu silencio fue la peor de tus ausencias.
Nuestra despedida fue tan violenta que aún puedo empuñar un cuchillo, e imaginar que lo entierro en uno de tus puntos débiles: tu estómago. Al mismo tiempo, mi llanto es inconsolable. Dejo caer mis lágrimas junto al cuchillo y camino de un lado a otro, buscando la manera en la que ya no necesite necesitarte.
Aún puedo sentir tu olor, o el olor de tu cuarto, junto a tu aliento mientras me hablas, sonriente.
Los recuerdos me abofetean con cada paso que caminé junto a ti, todos aquellos días en mis lugares preferidos, aquellos a los cuáles sólo tú me llevaste.
Aún mi tacto puede sentir todo de ti, aunque no te deje verme, aunque no me dejes tenerte.
Me voy dejando caer mientras evoco aquellas noches en la que me escabullía a tus escondites, para enseñarme constelaciones y hasta nebulosas mientras cerrabas las cortinas y prendías las velas. Los Días pasarán mientras te vas opacando y tal vez mi llanto cese, pero no mis ansias de tenerte una última vez.
Tu despedida no tuvo besos, sino disparos. Una traición que no será devuelta en perdón ni en compensación. A pesar de lo mucho que te odie, mi corazón se quedó en todos nuestros suspiros compartidos, junto a tu pipa y tus libros.
Nunca te olvidaré.
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