martes, 25 de diciembre de 2018

Cuando ya no me quieras



La nitidez en mi memoria aumentará cuando ya no me quieras.
Cuando me duela hasta un roce con las yemas de tus dedos, olvidadizos.
Cuando mengúe la luz que te permitía verme, incluso en la noche.
Todo a mi alrededor morirá cuando ya no me quieras.

Mi nariz quedará prendida
del olor de tu pelo.
Mis reclamos a tu desamor los gritaré a través de pretextos.
Peleas tontas, órdenes sin sentido
tratarán de enmascarar mis súplicas, casi pidiendo misericordia para que vuelvas a quererme.
Tu olvido me acechará tras tu indiferencia
evaporando mi cuerpo de entre tus brazos.
No será necesario seguir gritando, pues ya no me oirás.

Cuando ya no me quieras seguiré esperando, pues ya lo hago
incluso antes de que me quieras.
El tiempo, el espacio y tus besos se fusionan en un cúmulo de nada,
que terminará intangible incluso a la memoria.
Quiéreme hoy por última vez y te prometo que serás inmortal.
Porque no importa si yo muero o si tú lo haces,
porque nada de mí volverá a existir, ni siquiera el recuerdo o tu presencia fantasmal en mis sueños cuando ya no me quieras.

miércoles, 4 de julio de 2018

De la luna, caí al infierno: La tierra.


Luna acuosa. Me deslicé por el tul plateado que la luna dejó caer sobre un bosque de naturaleza durmiente. Uno casi muerto, vetusto y deprimido.
Mis pies están helados y quiebran las ramitas al andar, emitiendo moribundas fracturas en cedros cadavéricos. No quiero estar allí.
Miro hacia arriba. Las estrellas, ausentes y cubiertas por una inmensa telaraña que dejó el sol: hace de la neblina mi enemigo, pues me deja ciega y perdida. No puedo ver.
Oigo cantos de aves y después me doy cuenta de que todo fue un sueño. No hay bosque ni neblina, pero aún sigo en el infierno.

Sin sueño (22/05/2017)


Cada suspiro duele. Es como inhalar puro veneno, y en cada exhalo sólo se me va la vida, dejando dentro de mí sólo horrores que desconozco, pero me van carcomiendo de adentro hacia afuera.
Estoy intentando dormir, pero mi estómago se revuelve con la presión de esos tentáculos que me asfixian cada noche, aferrándose también a mi garganta como si no fuera suficiente una sobredosis de somníferos.
No es suficiente caminar descalza sobre clavos oxidados ni vidrio molido. Tampoco lo son las insinuaciones indecorosas en el resplandor de la botella de whisky en mi mesita de noche.
Whisky y somníferos, parecen una válvula de escape hacia mi tan ansiada libertad. ¿cuándo me atreveré? ¿cuánto más durará la tortura de respirar? No sé si soy valiente o cobarde, he perdido la noción de la realidad. El vacío es infinito. Ni oscuro ni claro: indefinido. La duda me mata más que la vida.