miércoles, 17 de agosto de 2016

Tenue


Todos tenemos un amor platónico. Alguien inalcanzable, algo así como una estrella. No importa qué tanto se ame a alguien, todos renunciarían al amor por esa estrella. Hoy aprendí que es aquella nuestra más grande debilidad, la que nos vuelve dóciles y nos martiriza con la imposibilidad de tenerla. Pensamos en aquello desde que abrimos los ojos, en la mañana, hasta que la reconfortante oscuridad nos pone a dormir. Soñamos con él. Vivimos por él.
Lo imposible es lo que más nos atrae, nos esclaviza en el anhelo persistente de tenerlo y nos destruye en cada fracaso al intentarlo. Muy en el fondo sabemos que jamás va a pertenecernos, pero nos es sublime engañarnos pensando en que hay esa posibilidad, por más mínima que sea. También aprendí que, tal vez, nosotros deberíamos ser nuestro propio objeto del deseo y amarnos a nosotros mismos, pero muy pocas veces logramos asimilarlo. A mi alrededor veo miles de estrellas, algunas más resplandecientes que otras. Su luz rebota en mi perenne opacidad. Todos tenemos una estrella, pero no todos somos una. Hoy aprendí, por último, que tú irradiarás para muchos, pero yo permaneceré tenue para todos.