miércoles, 26 de febrero de 2025

Tal vez



Tal vez en nada quede

o quizás sólo lo guarde

tras el frío cristal de una pantalla.


Pensaré cómo retener

Cada milímetro,

cada fracción minúscula 

y cada caricia

por más breve que haya sido.


Podría colocar

miles de fotos tuyas

tras una vitrina

o mejor si vienen 

con aromas incluidos.

Aromas

a cuero y madera.

aromas que aún no coinciden

en otras pieles.

Terapia en el SIS

 


Lloré mucho éstos dias. No soporto el peso de mi propio cuerpo, ni el peso de mis lágrimas, ni menos el de mi tristeza. Es como si me ahogara con algo impalpable. 

Así que fui a terapia.

No tenía mucho dinero, así que me atendí en el SIS (el seguro de salud gratuito en mi país). Decidí ir por emergencia para que me atiendan rápido, y porque realmente lo necesitaba, ya que en vez de vértigo, veía las alturas como libertad, o una pila de pastillas como mi salvación.

La doctora era una señora de unos cincuenta y tantos, me atrevería a decir que ya hasta base seis. De baja estatura, cabello pintado de color chocolate y rostro lunarejo. Me miró.

- Hola, cuéntame. ¿Por qué estás aquí? ¿Qué pasó?

Yo le desplegué el alma entera en un discurso que incluyó lágrimas, reclamos hacia mí misma y todos los objetos punzo cortantes que atravesaban mi cuerpo, pero que nadie podía ver.

Vi que, a continuación, tomó su teléfono y me hizo escuchar un audio que encontró en Youtube: "Limpieza de larvas energéticas"

Yo la miré, inexpresiva, y me explicó:

- Guarda silencio y siente cómo éste sonido produce cierto efecto.

La seguí mirando, pero ésta vez, desconcertada.

- Nunca olvides pedirle a dios que te ayude. Él es la respuesta.

Su discurso fue, básicamente, videos de YouTube y religión.

Saliendo de ahí, quedé más deprimida que nunca, de no ser que me derivaron a psiquiatría para recetarme sertralina por un par de meses, pero al menos me reí un poco.

Dosis



¡Qué calor!", oigo atrás de mí, en éste horroroso medio de transporte en el que estoy sentada desde hace unos cuarenta minutos, ensimismada en la pantalla de mi teléfono y moviéndome lo menos posible para no sudar. 

El dolor de la hernia no es fuerte, sólo algo molesto pero el olor... Eso sí es para valientes.

Me pongo a divagar un poco, dejando mi teléfono a un lado porque se recalentó, y pienso en cómo sería mi vida si yo no fuera tan arisca, o si hubiera terminado mi carrera, al menos, para alardear de algo.

Pienso en cómo hubiera sido si decidía quedarme en ese trabajo que tanto desgastaba mi alma, pero ahora tendría mucho dinero y, tal vez, un auto con aire acondicionado para no tener que estar soportando la inmundicia de las personas a mi alrededor.

Subió un hombre de mediana edad, con dientes maltratados, ropa vieja e insistiendo en qué le colaboremos y, más aún, le agradezcamos porque podría estar robándonos en éste momento.

"Ah, mira tú. ¡Gracias!", pensé tras una expresión hostil en mi rostro.

Tomé mi canguro y saqué unas monedas, las cuales le di a cambio de unos toffees de café.

Me comí uno. Después otro. Y otro más. Sólo es una minúscula dosis. Pero vaya que sí es poderosa. 

Adicción a la dopamina, ¡Ven a mí!

jueves, 13 de febrero de 2025

Lluvia de verano

 

Mi ropa es pequeña, y se reprende a sí misma

Ante miradas inescrupulosas

cegadas en lodo:

estancadas, pero explosivas

ante el primer taxi que no detuve

y pasa apresurado junto a mí.


Tengo las piernas cansadas, 

pero aún ansiosas

por ir más allá.

Y sin ralentizar ni un segundo

sigo un húmedo camino 

que me acerca a ti.


No me importaría descartar mi paraguas

ni la densa neblina 

Que nos conecta en ese mar de aire.

No me importa que,

en cada gota

e, incluso, cada partícula de nube

me esperes en secreto,

disimulando que, tal vez

no esperas nada.


Ésta vez llueve

pero no hace frío.

El bochorno me hace jadear;

es cálido a mi corazón 

y entre mis muslos.


Mi ropa es mínima, 

y fuiste tú quien me la puso

porque fuiste dueño de mi mente

a la hora de vestirme,

a la hora de llover 

en medio de calores y caminos:

Dueño de la lluvia de verano.

Sala de Embarque (Escrito el 18/08/2024)

 


El lugar es amplio dentro de mí. Muy amplio. 

Sobre todo en el interior de mi craneo, bajo la débil sombra de mi pelo.

Ya no sé a donde más ir. Ya no tengo escapatoria.

Me ahogo y me quemo viva al mismo tiempo. Estoy en ebullición de manera infinita e inmóvil, sin que haya orilla a mi alrededor hacia la cual buscar alguna minucia de alivio.

Estoy siendo aplastada por todo. Si hubiera alguna palabra que abarcara más que el todo, es lo menos que podría describir.

Estoy sin respirar, asfixiandome, pero mi nariz y mi boca están selladas. Ni siquiera puedo gritar, pues desgarrar el silencio sólo me condenaría a más martirio.

Soy mártir de mi propia cabeza.

Luego de unas copas y unas lagrimas que pagan una cuota más de la perpetuidad de tu ausencia, me encuentro sentada, ésta vez en la sala de embarque que me llevará lejos, pero de mí misma.

Porque sólo lejos de mí estarás lejos tú.

Espero sentada mi turno de embarque, intentando permanecer inexpresiva ante todos los dolores que tengo encima, la piel desprendida, las entrañas calcinadas, la sien carbonizada de ti. De lo que no se sabe y lo que yo supongo.

Lo que yo supongo sólo aniquila hasta el último pedazo de mí

Pero sigo esperando

Y ojalá logre partir antes de que finalice mi propia

desintegración.