Lloré mucho éstos dias. No soporto el peso de mi propio cuerpo, ni el peso de mis lágrimas, ni menos el de mi tristeza. Es como si me ahogara con algo impalpable.
Así que fui a terapia.
No tenía mucho dinero, así que me atendí en el SIS (el seguro de salud gratuito en mi país). Decidí ir por emergencia para que me atiendan rápido, y porque realmente lo necesitaba, ya que en vez de vértigo, veía las alturas como libertad, o una pila de pastillas como mi salvación.
La doctora era una señora de unos cincuenta y tantos, me atrevería a decir que ya hasta base seis. De baja estatura, cabello pintado de color chocolate y rostro lunarejo. Me miró.
- Hola, cuéntame. ¿Por qué estás aquí? ¿Qué pasó?
Yo le desplegué el alma entera en un discurso que incluyó lágrimas, reclamos hacia mí misma y todos los objetos punzo cortantes que atravesaban mi cuerpo, pero que nadie podía ver.
Vi que, a continuación, tomó su teléfono y me hizo escuchar un audio que encontró en Youtube: "Limpieza de larvas energéticas"
Yo la miré, inexpresiva, y me explicó:
- Guarda silencio y siente cómo éste sonido produce cierto efecto.
La seguí mirando, pero ésta vez, desconcertada.
- Nunca olvides pedirle a dios que te ayude. Él es la respuesta.
Su discurso fue, básicamente, videos de YouTube y religión.
Saliendo de ahí, quedé más deprimida que nunca, de no ser que me derivaron a psiquiatría para recetarme sertralina por un par de meses, pero al menos me reí un poco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario