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| "El beso", por Francesco Hayez (1859) |
Nada es para siempre,
y por ello,
decidí guardarte
no como un "a veces"
ni como un "mientras tanto".
A ti te guardo como vino
hasta que llegues al punto ideal
de añejamiento.
Quiero reservarte para un buen momento
en el que ambos brillemos:
Un momento de celebración,
uno de renacimiento.
Hoy yo soy opaca
y tú, intermitente.
Dejaré que te equivoques,
que tu frente se arrugue
y tus párpados caigan.
Que te llenes de errores
que te enseñen a, finalmente,
poder tenerme
y no dañarme.
Dejaré que el sol baile con la luna y la tierra
unas cuantas veces más
para abrir mi capullo
y aterrizar en tus brazos.
Hoy eres libre.
Hoy te dejo ir, para que explores
algunos otoños
y los estudies minuciosamente
para que los recuerdes al tomar mis manos
cuando sea el momento.
Pues algún día, cariño mío,
tú y yo
seremos perennidad sobre hojas secas.
