Debo alejarte. Mis nervios ahora reaccionan a tus palabras. Sólo son textos, pero me gritan al oído tantas cosas... En resúmen, que yo no soy tu tipo. No soy esa pequeña de mirada cálida y baja estatura, con la delgadez y magia de un hada. Mis grotescas manos gruesas, ásperas, con pintura seca y dedos mordisqueados, llenas de cicatrices y piel muerta en nada se comparan a las manos suaves con las que soñarías despertar. Las mías solo te molestan, y las entierras en el cementerio de aquello que poco importa.
Hoy estoy postrada en el suelo, cansada. Sintiéndome culpable por no hacer caso a mi madre. Por no haber sido una flor delicada, una mujer complaciente.
Mi fuerza supera a la de los hombres muchas veces, pero hoy estoy rota, sobre mis rodillas y más vulnerable que una oruga, rodeada de aves. Mis horribles manos por fin se humedecen con mis lágrimas, cerrando sus grietas. Me siento tan sola, tan indeseable por el hombre que tanto quiero, y a quien soy totalmente incapaz de hacer feliz.
Ojalá fuera un hada, y viviera solo brevemente, pues no me importa la muerte. Lo único por lo que valdría la pena vivir es por ver sólo una sonrisa suya.
