
I
En el infierno yo nací,
un infierno contaminado,
infestado con la mugre,
y mil fetos podridos.
El fétido perfume
de mañanas descompuestas
me derrumba por completo
y deshechan mi alma etérea.
Sólo volar yo he de querer
y largarme para siempre
lejos, muy lejos de esta miseria
donde el aire sea puro
Puro como tu aliento.
El ruido me ensordece
y las sucias cuculíes
se posan en las tejas
bañadas por lluvia ácida.
Verdad irrefutable
cual llanto de un angel.
Escapo y encuentro por fin vida,
una vida junto a ti.
II
Olor a flores secas,
tierra mojada por la lluvia.
árboles sin podar
esconden fantasmas.
Me escondo,
a través de un humo rojo
y espío las máscaras del mundo.
Hipocresía fluye por mis calles.
No sabe la gente como anhelo
respirar el olor a eucalipto
que en mi infancia respiré,
olor a belleza.
Olor a ti.
Me entrego finalmente
al verdugo llamado soledad
y me escondo también
tras las alas de una mosca.
Pero no me siento mal,
por fin leo,
escucho y pienso claramente.
Mi amante es el verdor.
III
Ocopa salada en un plato,
no pruebo bocado.
Río de la nada y estornudo,
dejo libre a la muerte.
El sonido de una batería se oye.
Cae nieve.
Nunca vi antes nevar
¡Pero qué hermoso se siente!
Y mis ojos se distraen.
Ven a alguien conocido.
Volviste,
para concebir esa alegría.
Alegría que eres tú.
Me acerco y desapareces.
En tu lugar hay pájaros azules.
y ahora hueles a desierto.
Salado, solitario, asesino.
Me retiro a mi casona.
El sueño me venció.
Un par de frambuesas caen
desde ese balcón solitario.
IV
Improviso melodías,
no sé tocar guitarra.
Ni piano, ni violín.
Pero sé que te supe tocar.
Y el sol desaparece.
Una araña se descuelga.
Siento sudor frío.
Mi cigarro se apaga.
Estás ocupado, ¿verdad?
No importa, sigo aquí,
y las ocho patitas me craquelan.
Pero recupero mi valor.
Mi valor: pensar en ti.
Reaparesco,
frente a una fogata de llamas plateadas.
Bostezo y pido al cielo
una estrella fugaz.
Un gato yace a mi lado.
Se comió a la araña
y no ha muerto.
Absorbí su veneno con mi miedo.
V
Ahora las flores.
mis ojos me duelen al observar
el sinfín de colores brillantes.
No me gustan las flores.
Pareciera un meteorito,
pero es una mariposa.
De fuego toda ella, y enorme.
Me llevará a un lugar mejor.
Alzo una ceja: Llegué.
No sé si soy bienvenida,
no me importa.
El mundo siempre será bueno.
Mundo que eres tú.
Luces, débiles, de velas.
Tomo asiento frente a él.
Me mira ansioso.
Yo lo odio.
¿Qué hay de beber?
Veneno, contesto yo.
Ocho patitas.
Me levanto y me voy.
VI
No entiendo nada,
¡¿POR QUÉ SIGO DURMIENDO?!
Mis gritos sólo yo los oigo.
Y me doy la vuelta en mi cama.
Es un molino de viento,
viejo, inútil ya.
No creo que sea un gigante,
pero veo en él a un dragón.
Piso la paja al caminar
hacia la boca del dragón dormido.
Está oscuro adentro, azul.
Y encuentro un grán tesoro.
Te encontré por fin.
Y ya aprendí a tocar guitarra,
el piano y el violín.
he aprendido todo,
puedo hacerlo todo
Soy gobernadora de este mundo,
todo es mío.
Y él se puede ir suicidando.
ése que me invitó a cenar.