jueves, 23 de enero de 2020

Latidos


Me encuentro en lo más profundo del océano, dónde el agua hierve y casi no hay vida. No es molesto para mí, ya que mi cuerpo deambula sin vida entre pedazos de submarinos hundidos y pequeños peces luminiscentes de grandes colmillos.
La ausencia de luz me hizo sentir ciega, pero agudizó el resto de mis sentidos. Recuerdo los latidos de tu corazón, el ritmo imposible que tenían. Y fue allí cuando recordé los latidos de todos mis amantes. A veces eran agitados, como si tuvieran prisa en detenerse. Otros eran lentos, de quietud relajante y somnolienta. Los tuyos no los puedo definir aún. Están entre lo lento y lo rápido. Ni negros ni blancos, sino de todas las tonalidades posibles de gris. Eres un paisaje gris, en el que me recuesto y puedo dormir, pero tu ausencia me mantieme con los ojos muy abiertos en las profundidades. Te busco, incluso en mis sueños, pero no hay rastro de ti. Tus latidos aún los oigo, pero tan lejanos como la superficie misma.

domingo, 19 de enero de 2020

Alquimista


Como los dioses, me fue dado ser creadora. Es un don que nunca supe aprovechar.
Ser perfeccionista es una roca en mi camino que me hirió severamente de tantas veces que la he pateado.
Podría crear formas extrañas de vida, mundos que no existen pero, al percibirlos, podrías adentrarte en ellos, hasta que ésta asquerosa ciudad te despierte de ese sueño lúcido con el sonido de un claxon.
Me fue dado un don a cambio de mi sensatez. Y aquí estoy, desperdiciándolo en algo tan simple.
Soy una alquimista que ha experimentado con alcoholes, con alquitrán y muchas otras sustancias, hasta encontrar lo único que me fue negado: una sonrisa real.
Qué tan difícil es ser feliz si puedo crear vida? La felicidad es más difícil que darle un corazón a una botella de plástico?
No lo sé. La receta es imposible. Sigo experimentando, y sigo fallando.

miércoles, 15 de enero de 2020

"Blue Andrey" (Escrito el 20/10/19)


No fue suficiente la distancia, ni refugiarnos en mil cuerpos más. Aún vives en un pequeño lienzo arrinconado entre algunas pertenencias casi olvidadas.
No importa qué tanto sonrías, yo puedo ver cómo te duele hasta las entrañas. El dolor de tu alma me seduce, en parte.
Recuerdo aún las luces de mi lámpara dibujando tu silueta de azul, verde y dorado. Mi alcoba era una pecera, y yo te tenía: Una especie ya extinta, sólo mía, que daba vueltas a mi alrededor casi amenazante, pero más inofensivo que algas insípidas.
El espacio que hay entre nosotros supera al del Pacífico y el Atlántico, a pesar de estar exagerando. Sé que la culpa te carcome la cabeza, obstruye tus branquias y arranca tus escamas en un suplicio infinito, pero yo estoy aquí, amigo mío, así ya no pueda tener tu cuerpo, así hayas sido amante, así hayamos lastimado todo lo que hay en nosotros. Aquí estoy para darte absolución y llevarte al mar, alimentarte y contemplar cómo danzas a mi alrededor otra vez, pero ahora libre.

domingo, 12 de enero de 2020

Ropa de fiesta.

5:45 a.m.

La luna se despide de mí tras ocultarse en la luz del sol. Mi caminar es constante y apático mientras cruzo el parque. Un anciano alimenta a las palomas y me lanza una mirada de indignación: ¿Qué hace una mujer en la calle a esas horas, y con ropa de fiesta?
Yo no soy una mujer, y mi ropa no es "de fiesta". Soy un espectro que divaga en los alrededores de su antigua morada. Estoy recogiendo mis pasos, que se desvanecen tras el humo de mi cigarrillo. Soy una tonta disfrazada de chica mala. Un pedazo de noche que se perdió en la mañana mientras buscaba algo para desayunar y así aliviar las quemaduras en mi estómago, heridas consecuentes de mi inapetencia y la falta de voluntad por continuar. Ayer la pasé bien, estuve rodeada de amigos verdaderos, pero es tan breve todo lo que me hace bien, que cuando termina, sólo quisiera que nunca más regrese. Tal vez así duela menos.

miércoles, 8 de enero de 2020

Su alteza de la noche (capítulo final)


Cleopatra, por John William Waterhouse


Su alteza de la noche vuelve a mí.
Ésta vez dócil y cruzando la delgada línea entre la lástima y el querer.
Pasó de ser parte de la realeza a un simple plebeyo
o incluso
menos que eso.
Eres ahora un mendigo. Estás tras de mí a rastras, implorando por migajas de recuerdos que ya casi no veo. Me imploras sólo a mí.

Su alteza de la noche soy yo ahora.
Soy tu zona de confort, tu ventana por la cual escapas y te pierdes entre la seda negra de mis vestidos.

Las ofrendas que te hice hace tanto tiempo hoy me fueron devueltas con grata multiplicidad, con la sangre en tus rodillas.
Tus súplicas y humillaciones ante mí son complacientes, y te acercas como una cucaracha buscando la oscuridad.
Soy yo ahora soberana de tu cuerpo y alma, pero mi reino está vacío. Fue saqueado por el más ingrato de los verdugos: el tiempo. Si te tengo, no tengo nada. Nunca habrá nada.


Más que un simple amante

"Sonno di Rugiada", por Roberto Ferri

Mís miedos son inmunes a la oscuridad, y se convierten en filias cuando mi cintura le pertenece a alguna fría mano casual.
Esa noche me tocó llevarte a mi escondite, con sigiloso caminar, casi criminal al ir ambos a hurtadillas, y te deslizo por mi puerta, mi ventana o el balcón.
Esa noche resulta ser una pintura, con diferentes matices y a veces difusa, desenfocada por anteojos que se evaporan en mi garganta. ¿La poción de amor o la de la pasión? Por lo general suele ser la segunda.
Pero tú, con tus grandes ojos y tus manos gélidas me hicieron querer hacerte más.
Quise llevarte a casa y que no te vayas si sale el sol, incluso retenerte para que viéramos juntos el ocaso... ¿Y por qué no más de uno? Convirtámonos en coleccionistas de mediodía, intercambiemos el control remoto de la tele y las sandalias. Quédate conmigo siempre, sé mío más tiempo, más que un simple amante.