jueves, 23 de enero de 2020

Latidos


Me encuentro en lo más profundo del océano, dónde el agua hierve y casi no hay vida. No es molesto para mí, ya que mi cuerpo deambula sin vida entre pedazos de submarinos hundidos y pequeños peces luminiscentes de grandes colmillos.
La ausencia de luz me hizo sentir ciega, pero agudizó el resto de mis sentidos. Recuerdo los latidos de tu corazón, el ritmo imposible que tenían. Y fue allí cuando recordé los latidos de todos mis amantes. A veces eran agitados, como si tuvieran prisa en detenerse. Otros eran lentos, de quietud relajante y somnolienta. Los tuyos no los puedo definir aún. Están entre lo lento y lo rápido. Ni negros ni blancos, sino de todas las tonalidades posibles de gris. Eres un paisaje gris, en el que me recuesto y puedo dormir, pero tu ausencia me mantieme con los ojos muy abiertos en las profundidades. Te busco, incluso en mis sueños, pero no hay rastro de ti. Tus latidos aún los oigo, pero tan lejanos como la superficie misma.

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