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| "Sonno di Rugiada", por Roberto Ferri |
Mís miedos son inmunes a la oscuridad, y se convierten en filias cuando mi cintura le pertenece a alguna fría mano casual.
Esa noche me tocó llevarte a mi escondite, con sigiloso caminar, casi criminal al ir ambos a hurtadillas, y te deslizo por mi puerta, mi ventana o el balcón.
Esa noche resulta ser una pintura, con diferentes matices y a veces difusa, desenfocada por anteojos que se evaporan en mi garganta. ¿La poción de amor o la de la pasión? Por lo general suele ser la segunda.
Pero tú, con tus grandes ojos y tus manos gélidas me hicieron querer hacerte más.
Quise llevarte a casa y que no te vayas si sale el sol, incluso retenerte para que viéramos juntos el ocaso... ¿Y por qué no más de uno? Convirtámonos en coleccionistas de mediodía, intercambiemos el control remoto de la tele y las sandalias. Quédate conmigo siempre, sé mío más tiempo, más que un simple amante.

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