miércoles, 17 de abril de 2024

Loca

 


I

Ramitas de canela

explosivas,

Olorosas 

desintegran la languidez de mi existencia.

Arena en mis pies,

Mi cosa favorita

De todos los veranos

Ahora me trae

También tu recuerdo.

Fue una zalagarda a mi sopor,

Tú y tus ojos grandes

Que sin mirarme, 

me ven mejor que nadie

y una avalancha

de pensamientos caóticos,

confusos, 

que poco a poco

Se ordenan en la misma conclusión:

Amarte.


II


Amarte derruyó mi cordura.

Amarte me hizo desconocer mi propio yo.

Amarte terminó con mis vicios

Porque el más fuerte fuiste tú.

Amarte me volvió loca.

Loca.

Locaza.

Estoy loca de amor por ti.

No es suficiente gritarlo en tu cara.

Pero mi boca cerrada 

Mantendré hasta que salga de aquí

Hasta que la tuya la haga hablar. 

Así confesaré

todos mis crímenes.

Toda la insensatez

que me llevó amarte.

Toda la vesania que desborda

cada poro de mi piel,

Cada maldita decisión 

que tomo 

al despilfarrar mi tiempo.

Y a pesar de obnubilar mi juicio

Mi lucidez es aún mayor,

pues cada momento que te pienso

Me traza el camino

más cuerdo a mi final.

Porque contigo lo quiero.

Contigo me veo

Hasta el final.

Hasta que mi memoria

me haga olvidar

hasta mi nombre

pero a ti

ni la muerte.

jueves, 4 de abril de 2024

Monstruo



Me encuentro en el borde de una cinta negra 

que yo misma desaté.

En ella, adjunto aquellas cosas que callé

hasta que, finalmente, rebasaron

y pudieron más que yo.

No fue una escena agradable

ver cadáveres putrefactos 

de algo que sólo eran simples preguntas

jamás planteadas.

Sólo prisioneras en mi propia garganta, 

esperando

el momento exacto para ser liberadas

mas no lo hice. 

Las dejé ahí, 

guardadas hasta que expiraron,

mutaron

y fueron expulsadas de mi boca 

tras una oleada de licores y especias

que me transformaron, 

finalmente, 

en el monstruo que soy hoy.


¿Cuánto más habría hecho falta

para contenerme?

¿Cuánto más podría predecir mi mente, 

poco cuerda,

ese cúmulo de insensatez y mentiras

que yo misma creí por tanto tiempo?

El monstruo se deslizó cerca a tu cuello, 

cerca a tus oídos.

Silencioso, 

pero su veneno te deja casi aturdido.

¿Cómo te protejo de mí misma

si ese monstruo lleva un rumbo fijo

tras beber la pócima,

un rumbo que nadie puede detener?

Lo miro fijamente 

con asco, 

pero no me puedo mover,

pues éste tomó posesión 

de todo mi cuerpo.

Mi boca dice sus palabras.

Mis ojos destilan su ponzoña

y mis manos, ¡Ay, mis manos!

Sólo funcionan como autómatas

que toman el vaso y lo llevan a mi boca.

El monstruo despertó.

La pesadilla comenzó.

La noche será larga

hasta el fin de la matanza.