Me encuentro en el borde de una cinta negra
que yo misma desaté.
En ella, adjunto aquellas cosas que callé
hasta que, finalmente, rebasaron
y pudieron más que yo.
No fue una escena agradable
ver cadáveres putrefactos
de algo que sólo eran simples preguntas
jamás planteadas.
Sólo prisioneras en mi propia garganta,
esperando
el momento exacto para ser liberadas
mas no lo hice.
Las dejé ahí,
guardadas hasta que expiraron,
mutaron
y fueron expulsadas de mi boca
tras una oleada de licores y especias
que me transformaron,
finalmente,
en el monstruo que soy hoy.
¿Cuánto más habría hecho falta
para contenerme?
¿Cuánto más podría predecir mi mente,
poco cuerda,
ese cúmulo de insensatez y mentiras
que yo misma creí por tanto tiempo?
El monstruo se deslizó cerca a tu cuello,
cerca a tus oídos.
Silencioso,
pero su veneno te deja casi aturdido.
¿Cómo te protejo de mí misma
si ese monstruo lleva un rumbo fijo
tras beber la pócima,
un rumbo que nadie puede detener?
Lo miro fijamente
con asco,
pero no me puedo mover,
pues éste tomó posesión
de todo mi cuerpo.
Mi boca dice sus palabras.
Mis ojos destilan su ponzoña
y mis manos, ¡Ay, mis manos!
Sólo funcionan como autómatas
que toman el vaso y lo llevan a mi boca.
El monstruo despertó.
La pesadilla comenzó.
La noche será larga
hasta el fin de la matanza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario