Me quedé colgada en los últimos sonidos
del auto que te llevó a casa.
No corrí, sólo cerré la puerta
intentando no hacer ruido con mi llanto.
Mi nariz está tapada con todos tus olores
y en mi mesa un vaso que dejaste vacío,
igual que la poca fe que me quedaba.
Me cansé.
Estoy agotada de tanto,
y mis promesas desvaneciéndose
en el humo de las velas que nos escucharon
toda la noche.
Tú y yo.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?
Estoy hurgando en algunos recuerdos
para saber en qué fallé
porque aunque me digas que no lo hice
es inevitable el castigo.
¿Castigo, por no darte suficiente?
¿Castigo por mentir?
Las únicas mentiras que salieron de mi boca
fueron que no quería verte.
Pero sí quiero.
Quiero devolverme a ti.
Te quiero a ti de vuelta.
Del amor a las migajas
Pero, ¿y de las migajas al amor?



