Mi estómago se empieza a revolver, pero suavemente. Ya nada es como antes y siempre llego a éste punto. Hoy muere la ilusión y nacen los estragos de la realidad.
No tomas mi mano, pero no me importa.
Caminas tan rápido que me dejas atrás, y no te das cuenta hasta que volteas y vez que estás solo, pero yo ya no acelero el paso. Dejo que me esperes. No me importa.
Los detalles son cada vez más escasos, y tampoco me importa. Estás ocupado, tanto que ni haces planes conmigo, ni me escribes, y muchas veces ni contestas. Tampoco importa.
Y si no importa es porque ya sé cómo continúa todo. Ya sé que lo único que debo hacer es matar hasta el último retazo de mis sentimientos, esos malditos sentimientos que nunca me trajeron nada bueno, hasta que me sienta segura de huir con las heridas ya cicatrizadas y no en carne viva, como cuando era inexperta.
Sé que te irás, que conocerás a alguien más joven y hermosa que yo, o tal vez más adinerada, más blanca...
El revoltijo en mi estómago cesa y ahora me recuesto en apatía y resignación. Tengo más paz que antes, porque sé cómo acaba todo. Porque sé que así acabará. No me amas lo suficiente como para desbordarte de amor como yo sí lo haría, pero ésta vez lo hago sólo como respuesta, ya no como esperanza.
Y así fue como dejé de abrazar.
Así fue como dejé de amar.
Así dejé de entregar.
Así será.
Te vi marchar sin mirar atrás, y por un momento sentí que sentías lo mismo.
Hoy por fin hay correspondencia
Porque no hay amor.
Ni tuyo ni mío.
Simplemente, nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario