domingo, 26 de abril de 2020
Cadáver luminiscente
Sólo puedo recordarme a mí misma como un cadáver que volvió a la vida por un instante.
No es la alberca ni el jacuzzi. Tampoco fue el mar, aunque no lo creas.
Sólo fueron tus brazos.
En ésta historia sólo tus brazos son protagonistas, acompañados de grillos, estrellas y la alberca. Yo era una sirena.
Tú eras pescador, y me sacaste de tus redes para tomarme y contemplarme.
Tus ojos incrustados en mi cintura, y una quietud que ni siquiera el sonido del agua podía romper, sino acompañar, con la misma delicadeza con la que una flor de loto se desliza y danza con su propio reflejo al compás de un viento suave.
Ese día brillé un poquito. Estar viva me hizo bien, sólo hubiera deseado no morir otra vez
al arrancarme de tus brazos.
sábado, 18 de abril de 2020
Autofagia
Hay una tonelada de escombros cuyo peso apenas puedo soportar.
Está todo dentro de mí cabeza. Puedo sentir cómo un mar tormentoso la mueve y provoca en mí los dolores más críticos. Mi situación ya de por sí es crítica.
Te imagino en el sofá, recostado sobre los muslos de tu verdadera mujer, con un gran tazón de papas fritas y una calidez acogedora que no está destinada para seres miserables como yo.
Tu hogar ya existe, ni fue necesario que el mundo entero nos separe para aclarármelo, pero aún así, lo hizo.
Ha pasado sólo un mes. Parece tan corto ante la percepción de mi inmortalidad, pero se sintió como siglos, todos ellos en una prisión cósmica en la que yacen mis propios cadáveres. Todos mis cuerpos, todas las veces que morí.
Éste último no me agrada tampoco, no es perfecto. Pero ya puede comerse a sí mismo y sobrevivir a torturas aún peores que la soledad perpetua.
Mientras tú sigues recostado en los muslos de ella, comiendo papas fritas, yo sigo soportando el peso de universos destruidos en mi cabeza, sobre sábanas de hielo, comiéndome a mí misma.
viernes, 10 de abril de 2020
Cortejo fúnebre.
Mi perfil alzado en nuestra de mi más petulante soberbia fue lo que siempre demostré a aquellos que no sentían lo mismo que yo, después de un largo luto humedecido con llanto y recuerdos extintos.
Pero ahora, el miedo al abandono se ha transformado en la fobia más grande. Tanto así que preferiría tener arañas venenosas en todo mi cuerpo.
Me hizo recordar a mi última navidad, verano en el hemisferio sur que se convirtió en una estaca de hielo atravesando mi pecho con palabras de mi penúltimo amor.
Ahora tú, el último de ellos, también decidiste atravesar mi pecho con una estaca aún más gélida y filuda. Una con espuelas para que, cuando intente quitarmela, el dolor sea aún más fuerte, así que no me la quitaré. La dejaré ahí hasta que se derrita con lo poco de calor que me queda, hasta que sólo quede un gran hoyo en el que podrás ver a través de mí las expectativas que nunca pude cumplir para ti.
Mi ser es ya un cortejo fúnebre. Estoy más muerta que nunca, pero aún no me pudro. Algunas palabritas tuyas me dan calor y tragos de formol, para conservarme. No sé cuánto tiempo más me quede.
Mis últimos días quisiera que fueran contigo, mientras me vas embalsamado y pruebas en mí vestidos que te gusten pero que me cubran de miradas que no sean la tuya. Mi cadáver ya es tuyo.
miércoles, 8 de abril de 2020
La traición más grande.
Excusas. Todas son excusas. Estoy por destruirme como un cristal cayendo al pavimento...
Es en esos momentos que ellos se van.
Hoy te fuiste también. No hubo ni siquiera un adiós. Sólo palabras de odio, resentimiento. No hubo nada que yo no hubiera hecho por retenerte, pero quisiste irte, y te dejé ir.
Podría batir récords mundiales que consistan en ganarme el odio de alguien mientras más lo amo. Es inexplicable.
Estoy encerrada en un cubículo del que quise escapar para volar. Emprender un vuelo infinito hacia el mar, pero tú y tus pensamientos nigérrimos me proyectaron entre brazos ajenos a los tuyos.
¿Será que para eso nací? ¿Para ser una prostituta accesible, más no para ser amada? Yo nunca fui ni quise pertenecer al cuerpo de nadie, sólo entrelazarme con un alma que me jure el utópico amor eterno que siempre quise, una que pensé sería la tuya.
Te fuiste igual que ellos.
Te fuiste odiándome sin razón alguna
Y me dejaste encerrada en mismo cubículo en el que me dejaste:
desolada y con todo un universo de posibilidades que sólo quise compartir contigo, y que no caben aún en mi cabeza.
.. Pero te fuiste.Es en esos momentos que ellos se van.
Hoy te fuiste también. No hubo ni siquiera un adiós. Sólo palabras de odio, resentimiento. No hubo nada que yo no hubiera hecho por retenerte, pero quisiste irte, y te dejé ir.
Podría batir récords mundiales que consistan en ganarme el odio de alguien mientras más lo amo. Es inexplicable.
Estoy encerrada en un cubículo del que quise escapar para volar. Emprender un vuelo infinito hacia el mar, pero tú y tus pensamientos nigérrimos me proyectaron entre brazos ajenos a los tuyos.
¿Será que para eso nací? ¿Para ser una prostituta accesible, más no para ser amada? Yo nunca fui ni quise pertenecer al cuerpo de nadie, sólo entrelazarme con un alma que me jure el utópico amor eterno que siempre quise, una que pensé sería la tuya.
Te fuiste igual que ellos.
Te fuiste odiándome sin razón alguna
Y me dejaste encerrada en mismo cubículo en el que me dejaste:
desolada y con todo un universo de posibilidades que sólo quise compartir contigo, y que no caben aún en mi cabeza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



