sábado, 18 de abril de 2020
Autofagia
Hay una tonelada de escombros cuyo peso apenas puedo soportar.
Está todo dentro de mí cabeza. Puedo sentir cómo un mar tormentoso la mueve y provoca en mí los dolores más críticos. Mi situación ya de por sí es crítica.
Te imagino en el sofá, recostado sobre los muslos de tu verdadera mujer, con un gran tazón de papas fritas y una calidez acogedora que no está destinada para seres miserables como yo.
Tu hogar ya existe, ni fue necesario que el mundo entero nos separe para aclarármelo, pero aún así, lo hizo.
Ha pasado sólo un mes. Parece tan corto ante la percepción de mi inmortalidad, pero se sintió como siglos, todos ellos en una prisión cósmica en la que yacen mis propios cadáveres. Todos mis cuerpos, todas las veces que morí.
Éste último no me agrada tampoco, no es perfecto. Pero ya puede comerse a sí mismo y sobrevivir a torturas aún peores que la soledad perpetua.
Mientras tú sigues recostado en los muslos de ella, comiendo papas fritas, yo sigo soportando el peso de universos destruidos en mi cabeza, sobre sábanas de hielo, comiéndome a mí misma.
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