miércoles, 2 de septiembre de 2015
Mirarte. Observarte.
Una cosa es mirar; otra, observar. Y es que todo este tiempo, sólo te miraba. Hoy te observo y disfruto de cada centímetro de tu ser. Te observo cuando ríes, te observo cuando lees, te observo hasta cuando estornudas y suspiras. Cada imagen que tengo de ti es mágica, me transporta hacia una libertad maravillosa, me atraviesa como una estrella fugaz a la inmensidad. Cada imagen tuya es un movimiento de tus manos en el interior de mi estómago. Revoloteas como un gigantesco insecto en mi cabeza, a veces en mi vientre y, a veces, un poco más abajo.
Hoy te observé por primera vez, y me enloquecí en el envoltorio de tu abrazo, en tu nemorosa cabellera y la fragancia de tu cuerpo. Hoy te observé por primera vez, y es mi condena, ya que necesitaré fuertes dosis de tu imagen por el resto de mi vida.
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