sábado, 20 de noviembre de 2021

Hojas secas

"El beso", por Francesco Hayez (1859)


Nada es para siempre, 

y por ello, 

decidí guardarte

no como un "a veces"

ni como un "mientras tanto".

A ti te guardo como vino

hasta que llegues al punto ideal

de añejamiento.

Quiero reservarte para un buen momento

en el que ambos brillemos:

Un momento de celebración,

uno de renacimiento.

Hoy yo soy opaca

y tú, intermitente.

Dejaré que te equivoques,

que tu frente se arrugue

y tus párpados caigan.

Que te llenes de errores 

que te enseñen a, finalmente, 

poder tenerme

y no dañarme.

Dejaré que el sol baile con la luna y la tierra

unas cuantas veces más 

para abrir mi capullo

y aterrizar en tus brazos.

Hoy eres libre.

Hoy te dejo ir, para que explores

algunos otoños

y los estudies minuciosamente

para que los recuerdes al tomar mis manos

cuando sea el momento.

Pues algún día, cariño mío,

tú y yo

seremos perennidad sobre hojas secas.

miércoles, 11 de agosto de 2021

Antorcha

"Somersault", óleo sobre lienzo, por Leonid Afremov

Su voz está en mi cabeza como una radio que no se puede apagar. No tengo escapatoria, y me dejo caer entre notas que me llevan como una montaña rusa a tu recuerdo.

Las emociones son fuertes y no las puedo discernir del todo. Sólo sé que cada fibra de tu pelo dejó luminiscente mis almohadas, a tal punto que ahora puedo ver en mi propia oscuridad el reflejo de tu luz, que descubrió por fin mi cuerpo y lo arropó en sus propias brasas. 

Ahora soy una antorcha, que se vuelve a encender después de centurias. Ya no importa qué tanto frío haga, ni qué tan ingrato sea el viento. Mi llama no se apaga, pues ahora soy portadora de tu fuego inmortal.

sábado, 7 de agosto de 2021

Nubes

Fotografía por: Mike Meyers (Chicago, EEUU)


No hace falta que me busques, yo iré a ti.
En éstos días de pies cansados
Y espaldas a punto de quebrarse
Te daré un pequeño privilegio
Un poco enfermo
Un poco ansioso
Me aparezco sólo a veces
Hasta que tus ganas de mí sé desvanezcan.
Tengo enormes alas ahora, 
Así que huir se me complica:
Dejo rastros de mi propia silueta entre las nubes
Y tú, allí abajo, te quedas observándolas.
Tienen la forma de mi cuerpo
Con tus caricias a punto de desvanecerse en mi epidermis.
Vamos a inventar una nueva hora en el día
Que sea nuestra hora:
Una que dure más de 60 minutos,
Una que dure una eternidad.
Vamos a inventar que en mi huida
Tú fuiste tras de mi
Y nuestras alas se enredaron en el cielo
Mientras las nubes sellaban un recuerdo
De tu añoranza.
De tus deseos por retenerme
Y hacerme tuya.

viernes, 6 de agosto de 2021

Desde las sombras.

Fotografía por: Nicholas Roemmelt (Alemania)

Hoy te observo desde las sombras. Sombras que hoy desprecias, pero que antes te refugiaban de la locura que te atormentó cuando estabas solo.

Te observo a contraluz como si yo fuera un adorno, invaluable, pero oculto en polvo y telarañas, en un rincón de un anticuario dónde todo lo que brilla está en remate.

Tú buscas un tesoro allí, a pesar de ser más hermoso que todos los diamantes del mundo. El sol se muere de envidia al tenerte bajo su merced, pues tú eres toda una constelación desafiando las leyes de la perfección. Nada te opaca, eres cegador.

Y a pesar de todo el fuego y las chispas que emites y desintegran mi piel y mi cabello, sigo aquí, inmóvil, siendo testigo de un segundo Big Bang que estalla en tu garganta y me somete a tu imponencia.

Sabes dónde estoy, sabes lo que representas, pero como todo ser fuera de éste mucho, sólo me ignoras, para continuar tu recorrido por nebulosas y auroras boreales que yo, en medio de mi opacidad, intento alcanzar.

Mientras tanto, en las sombras me refugio. Y hoy te observo desde allí, con un cigarro y las piernas cruzadas, mientras tú estás allí, frente a mí. Frente a todos. Sol de todos los universos, quédate un rato más, y déjame observarte hasta grabar tu color imposible en mi memoria.

lunes, 14 de junio de 2021

Tú no me amas, parte 3


Tú no me amas. Tú amas una imagen. Una proyección de la inocencia encarnada en finas piernas y miradas ingenuas.

Tú amas una idea, una ilusión. Una pequeña flor con aroma intenso que pueda brotar en medio de un vasto acantilado.

Tú amas un reflejo de tu propia pureza. Una onomatopeya que puedas exclamar cuando se te escape una risita de tímida alegría, de aquellas que me podrían dejar mirándote por horas.

Pero yo soy un largo texto que ignoras y no puedes interpretar. Te cansaste de leerme, y es por ello que tú no me amas, siendo yo quien te amó desde hace tanto, te amo y, posiblemente, te amaré.

Podría amarte más allá de lo que el amor se concibió en sus miles de manifestaciones terrenales.

Te amaría tanto que sembraría un bosque en ese vasto acantilado. Te amaría como una gaviota a la brisa del mar, o como hojas de un árbol de cerezo, al caer con el intenso sol del verano, para dejar alfombras a tus pies. Podría construir un hibernadero con las flores más lindas sólo para ti, ya que yo no puedo ser aquella que quisieras ver germinar.

Pero eso ya no importa, porque tú no me amas. 

Aquella flor ahora yace en una maceta en tu balcón, cuidada con la delicadeza de tus manos, mientras yo sólo lluevo, trueno y grito con toda la fuerza de mis pulmones a mi propio desamor, porque tú no me amaste, ni me amas. 

Me amarías algún día?

Parque de la pera


Hoy di un paseo solitario por un lugar que tantas veces me vio morir, y la única vez que me vio sonreír, fue estando contigo.

La gente pasa cerca de mí. Los veo con el doble de velocidad, mientras yo camino en cámara lenta.

Mis huesos, adoloridos y mis ojos resecos. 

El cielo igual de apático como yo. La neblina que me cubre es la misma con la que mis últimos suspiros se desvanecen.

Te extraño tanto.

Por un momento pensé que todo estaría bien. Por un momento creí que volverías a rescatarme del filo del abismo, pero ya no puedes hacerlo. 

Me resisto a dejarme caer, tal vez pueda esperar un poco más.

Un poco más.

No te deseo el mal, amo que seas feliz 

pero hubiera deseado tanto que fuera junto a mí.

sábado, 27 de marzo de 2021

Volver al mar

Los acantilados permanecen firmes ante la violenta colisión de las olas en ellos. Es como ver una obra de teatro, muy dramática, en la que el mar soy yo, y el acantilado, tú.

Corro por el muelle hasta llegar al final. Cualquiera pensaría que saltaría a las aguas más impredecible que existen, pero yo me detengo y tomo asiento, meneando los pies en el borde del muelle. 

Las olas salpican mi rostro, que no puede soportar más sal, pero al menos el mar me acompaña en mi dolor.

Hay caminos intrincados que lastiman mis pies. Un suelo rocoso y tosco, como mis propias manos al intentar acariciarte. Soy tan torpe. Una piedra pómez te acariciaría con mayor delicadeza...

Camino por la orilla hasta encontrar un atajo, y emprendo mi búsqueda en esos lugares pocas veces transitados.

Al final de esos caminos, puedo encontrar un hermoso espacio de aguas quietas, en las que me sumerjo hasta la cintura y veo cómo los peces danzan alrededor de mis muslos. Sé que pertenezco aquí. Sólo quisiera saber el hechizo adecuado para convertirme en arena, o en un pez. Desaparecer como humana, un cuerpo en el que el suplicio es infinito para huir esquivando olas y cardúmenes. Sólo quiero ser un pez que nade libremente y jamás vuelva a la superficie, para evitar ver a algún marinero de grandes manos sobre el cual pose mis ojos y, automáticamente, me fuerce a firmar mi sentencia de muerte mientras sostiene una vieja red de pescar. Porque, con cada uno de ellos, voy muriendo un poquito más.

Sólo quiero ser un pez...

martes, 23 de marzo de 2021

Coleccionista de pieles.

 


Todos los sonidos, al mismo tiempo, crean una melodía que suena, más o menos, a tu nombre.

Por mis muslos se desliza un poco de ruido que a pocos kilómetros hizo eco en tus paredes, y los restos de un pentagrama que sólo tiene una clave sol con la misma nitidez de tu sonrisa.

¿Por qué niegas lo innegable?

Hemos sido un tornado a pocos metros del océano, envueltos en neblina salada y pelitos de gato. Eres orgulloso, prepotente y celoso, y a pesar de que tape mis oídos ante tus quejas, éstas perforan mis manos, creando estigmas que las atraviesan hasta pulverizar mis tímpanos.

Me gritas y me pides que sea tuya, sin decir una palabra. 

Ya no puedo discernir entre el sarcasmo y lo real. ¿Eres real?

Sólo sé que tus manos, prisioneras con los grilletes de tu propio orgullo, se dignen a acariciarme por breves momentos, en los que tus exhalos se evaporan en mis labios, húmedos de ti.

Yo, como buena coleccionista de pieles, tomé la tuya con mis uñas, y la puse en aquella vitrina de lo invaluable: moteada e imposiblemente suave. Una piel en extinción.

Bueno fuera que tus ojos dormidos percibieran lo que mis propios ojos te gritan, aunque sé que las pociones de amor que juntos ingerimos, rompen tus grilletes, abren tu boca y se te escapa uno que otro pétalo de rosa que deslizas en mi cuerpo.

Tu piel, añeja e inmortal, me ha envuelto en el hechizo más fuerte. Uno que nos lleva a ensuciar tus sábanas de nuestros olores y sabores. Y se impregnan en mi ropa a pesar de lo lejos que me encuentre.

Será así, amigo mío, que aromas ajenos al mío se unan en mi rinconcito de tu cama hasta componer la canción que te da tus descansos reconfortantes? Jamás tendré esa certeza. Sólo espero que algún día, mi perfume sea el más fuerte. Tan poderoso que no lo puedas sacar de tu cama, de tu hogar, del océano o del mundo en el que te desplazas, como huyendo de tu propia soledad.

jueves, 18 de marzo de 2021

Feliz aniversario, pandemia.



Los meses pasan como gotas en tierra baldía.

Y no cesan. Siguen perforando mi cabeza a pesar de ésta estar blindada para evitar que estalle con la cantidad de pensamientos enredados que circulan, como parásitos caníbales en su interior.

Hay mucho ruido dentro de mí, y es imposible apagarlo. Sólo puedo poner más alto el volumen de la música para ahogarlo por unos instantes, hasta recibir la llamada quejumbrosa de mi madre.

Recuerdo vagamente que por eso me gustaban los conciertos, los bares y todo aquello que produce una fuerte bulla: sirve para ahogar el ruido que hay en mí, y ahora no tengo cómo hacerlo.

Mi estómago arde por la cantidad de alcohol que consumí anoche y me pongo de pie para refrescarme con un poco de agua.

Ha pasado un año, y siento que fue una eternidad.

La mudanza, un adiós, la ausencia de todo y una nueva tortura fueron de las pocas cosas que a duras penas recuerdo de éste último año. Finalmente me convertí en mi propio tatuaje: un ave enjaulada.

Tengo tantas cosas por hacer, tantas ganas de irme muy lejos, y tanto tiempo muerto que se me escurre entre los dedos que la frustración sólo aumenta cada día un poquito más.

Odio no ser perfecta.

El auto sabotage pudo más y tal vez, sólo tal vez, me resigne a perderte, porque a fin de cuentas, nunca fuiste ni serás mío. Sólo eres una imagen más que pasó junto a mí y que percibí sutilmente tras el cristal blindado del que no puedo salir.

Cada día el ruido aumenta, y sólo quiero callarlo. Sólo quiero que se detenga...

sábado, 27 de febrero de 2021

Tu perfume


Dejo caer mi bolso al suelo, junto a los fragmentos de mi alma cautiva a un querer infinito, más destruida que nunca.

A veces pienso si el dolor terminará algún día, pero concluyo en que cada vez es más fuerte. Me supera como la marea al cubrir todo un acantilado.

Siento que mis pies flotan y me llevan a mi cama, sobre la cual estoy desde hace horas, mirando el techo y la pantalla de mi celular mientras observo tus fotos.

El último rastro de ti es tu perfume.

Lo llevo en el pelo, lo llevo en mi ropa, en mis pulmones, atascado, y en las lágrimas silenciosas que se deslizan por mi rostro al inhalarte.

La mezcla de tu perfume y tu sudor fueron testigos de momentos que pensé eran míos, pero resulté compartirlos en contra de mi voluntad.

Guardé en mis manos el tacto de tu piel y tu cabello, y las siento adormecidas ante la ausencia de ti.

Estuviste tan poco aquí, pero tu presencia es tumultuosa, tus grandes manos en lo más intrínseco de mí y tu mente, en todas partes, menos en mí.

Sólo estamos aquí tu perfume, mi cadáver y tu olvido.

lunes, 11 de enero de 2021

Canción Celta



Volví a caer estrepitosamente entre un espinar, y ésta vez mis huesos se rompieron. No puedo moverme.

Mi cuerpo está tan frío como el de un cadáver, a excepción de mi rostro que se enrojeció con la excesiva cantidad de licor que besé ésta noche

Pensando en tus labios.

He llorado tanto que se me agotaron las lágrimas, y ahora mi sangre es azul. No hay más vida en mi cuerpo.

A lo lejos, sin embargo, puedo ver una luz tenue, y un sonido.

Es el sonido más hermoso que escuché en mi vida, pero, ¿Por qué justo ahora, cuando estoy destruída, sin esperanzas y rendida a la parca?

El sonido viene acompañado de tu voz. Nunca la oí, pero siempre la imaginé. Me susurras con tanta suavidad, con tanto amor, que mi cuerpo sacó fuerzas de su propia sangre, y me pongo de pie. 

Continúo mi camino, a solas ésta vez. Ahora sólo necesito encontrar la procedencia de esa hermosa canción. Tu canción. Nuestra canción.

Musa de nadie


Mis pies están gélidos, sobre cerámica.

Estoy dispuesta de tal forma que el sol y las sombras que a contraluz me saturan, me recuerden.

Con una foto

Una escultura

Un retrato.

Pero nadie se percata de ello.

Soy la musa de nadie.

En mi piel ven pecados, fetiches.

Posibilidades que únicamente pueden satisfacer los ardores de su carne

Más no ven los matices, las sombras ni los detalles en el brillo de mis ojos.

Por un momento te detuviste ante mí y observarse aquello que sí quise que vieras. Por un momento el brillo de mi piel cambió. Rejuvenecí y las comisuras de mis labios se alzaban, como izando la bandera de un nuevo lugar, en el que podríamos quedarnos hoy, o tal vez, siempre.

Pero te fuiste tan rápido. Te deshiciste de mí para contemplar a alguien más.

Mi piel se tornó opaca, mis ojos, inexpresivos.

Se fue el sol y nadie más pudo verme otra vez.

Porque estoy cubierta en las tinieblas.

Porque soy la musa de nadie.

martes, 5 de enero de 2021

Recuerda el futuro



Recuerda el calor
Cuando tus manos tomo,
Y las fuertes miradas
Cuando te sientas solo.

Recuerda los mares,
Las olas precoces.
De lejos las vimos
Y oímos sus voces.

Recuerda mi risa
O tal vez la tuya
Los gestos, silentes
Y por dentro, bulla.

Si no hay recuerdos, 
Evoca futuros
Éstos tardarán
Resistiéndonos juntos.

lunes, 4 de enero de 2021

León

 


Descubrí que tu soledad es tan insoportable como la mía.

Te volviste loco. Perdiste la razón.

Y digo ésto porque mi amor nunca fue a medias. Mi amor entero eras tú.

Hace mucho tiempo yo era aquella mujer que tanto hubieras querido: un eterno abrazo, cálido y seguro de sí. Más que un sticker era un tatuaje: me hubiese tatuado a ti hasta que sientas que jamás te abandonaría.

Pero arrancaron mis alas.

Mi amor fue corrompido por la más pura maldad.

Mi amor se convirtió en un tímido susurro, porque me dieron a entender que mientras más ruido hacia, sería más molesto para quien lo recibiera.

Tuve tanto miedo de tus quejas. Tanto miedo de que me empujaras violentamente a un abismo de abandono diciendo que me detenga, que te asfixiaba. Entonces decidí darte una prudente distancia para que puedas respirar.

Lamentablemente querías que te deje sin aire, que fuera ese tatuaje...

Perdón por no haberlo sido. 

Ahora mi cuerpo sin alma intentará compensar los abrazos que no pude darte. Los detalles. Las risas.

La compañía que tanto anhelas, como si hubieras perdido tu manada. 

Tal vez yo sea un antílope, y tú un león. Sé que eres peligroso para mí, pero te daré la calidez que necesites, hasta que vuelvas a tu manada y devores lo que queda de mí.

sábado, 2 de enero de 2021

Hombre azul, navidad azul

"Antropometrías", por Yves Klein


Tengo tu cuerpo tan cerca de mí pero es intangible. No puedo acercarme más, aunque mi epidermis arda sin que puedas percibirlo. Y es porque sólo puedes ver sombras borrosas a tu alrededor.

Yo soy una de esas sombras. Tus ojos no pueden enfocarme porque tu mente está extraviada en todos los infiernos que existen, y lo único que puedo hacer es tomar tu mano e intentar cavar con mi mirada la tumba en la que reposa aquella persona de la que me enamoré hace más de un año.

Ojalá fueras feliz. Ojalá tu sonrisa fuera real, pero puedo sentir cómo se me eriza la piel al verla, y sé que duele. Sé que te duele.