jueves, 18 de marzo de 2021

Feliz aniversario, pandemia.



Los meses pasan como gotas en tierra baldía.

Y no cesan. Siguen perforando mi cabeza a pesar de ésta estar blindada para evitar que estalle con la cantidad de pensamientos enredados que circulan, como parásitos caníbales en su interior.

Hay mucho ruido dentro de mí, y es imposible apagarlo. Sólo puedo poner más alto el volumen de la música para ahogarlo por unos instantes, hasta recibir la llamada quejumbrosa de mi madre.

Recuerdo vagamente que por eso me gustaban los conciertos, los bares y todo aquello que produce una fuerte bulla: sirve para ahogar el ruido que hay en mí, y ahora no tengo cómo hacerlo.

Mi estómago arde por la cantidad de alcohol que consumí anoche y me pongo de pie para refrescarme con un poco de agua.

Ha pasado un año, y siento que fue una eternidad.

La mudanza, un adiós, la ausencia de todo y una nueva tortura fueron de las pocas cosas que a duras penas recuerdo de éste último año. Finalmente me convertí en mi propio tatuaje: un ave enjaulada.

Tengo tantas cosas por hacer, tantas ganas de irme muy lejos, y tanto tiempo muerto que se me escurre entre los dedos que la frustración sólo aumenta cada día un poquito más.

Odio no ser perfecta.

El auto sabotage pudo más y tal vez, sólo tal vez, me resigne a perderte, porque a fin de cuentas, nunca fuiste ni serás mío. Sólo eres una imagen más que pasó junto a mí y que percibí sutilmente tras el cristal blindado del que no puedo salir.

Cada día el ruido aumenta, y sólo quiero callarlo. Sólo quiero que se detenga...

No hay comentarios:

Publicar un comentario