martes, 5 de marzo de 2013

La verdadera historia de Blancanieves


Blancanieves (Schneewittchen en alemán y Snow White en inglés) es un personaje que no necesita demasiadas introducciones. No obstante, la historia de Blancanieves que todos conocemos acaso nos reserve una o dos sorpresas que valen la pena mencionar. Para ello deberemos viajar al pasado y desde allí desandar el tortuoso camino de Blancanieves hasta sus formas actuales.

Durante mucho tiempo se creyó que el origen de Blancanieves se hallaba en la creación de Giambattista Basile, que el siglo XVI publicó su Pentamerón, El cuento de los cuentos, una antología de historias tradicionales en donde aparece el relato de Lisa, una niña de siete años que, tras un accidente con un peine mágico, entra en un estado inconsciente. Su familia la da por muerta y la entierran en un ataúd de cristal, lugar en donde la joven siguió creciendo hasta adquirir el cuerpo y las facciones de una mujer adulta.

Esta protohistoria de Blancanieves carece por completo de sus ingredientes más conocidos, como el espejo mágico, los siete enanos, la manzana envenenada, la reina malvada y el príncipe. Fue hasta muchos años después cuando se descubrió el verdadero origen de Blancanieves, un origen distinto al de otros cuentos populares ya que éste se basa en un personaje histórico.

En palabras de un entusiasta lector infantil, Blancanieves existió realmente.

Repasemos primero la historia de Blancanieves más conocida, y luego estudiaremos su verdadero origen.


Érase una vez una reina que, cosiendo, se pinchó el dedo y vio su sangre caer en la nieve. Entonces cuando deseó tener una hija con la piel tan blanca como la nieve, los labios rojos como la sangre y el pelo negro como la noche. Su deseó se cumplió en la silueta de Blancanieves. Pero la reina murió tras de dar a luz, y el rey se casó con una bruja maliciosa que tenía un espejo mágico.

La bruja-reina solía preguntarle a su espejo:

-Espejito, espejito, ¿quién es en la mujer más hermosa del reino?

Y el espejo respondía cacofónicamente:

-Tú, mi reina, eres la más hermosa de todas.

Pero cuando Blancanieves creció se volvió demasiado bella como para que el espejo la ignore. De modo que ante la pregunta habitual éste respondió:

-Blancanieves es la más hermosa.

La bruja-reina envió a un sicario para asesinar a Blancanieves en el bosque. Para asegurarse del éxito de la empresa le exigió que le trajera el corazón de la niña. El asesino circunstancial, de hecho, un cazador pobre, se arrepintió, y le llevó a la bruja el corazón de un ciervo, que fue cocinado por el chef real y devorado alegremente por la reina.

En su escape, Blancanieves descubre una casa que pertenecía a siete enanos. Tras algunas negociaciones y regateos, Blancanieves se compromete a cocinar y mantener el lugar en orden a cambio de que le permitan vivir allí. Los enanos acceden y ejecutan prodigiosas acrobacias como muestra de gnómica alegría.

La reina, por su lado, se entera a través del espejo que Blancanieves está viva. Intenta asesinarla tres veces. La primera, mediante una cinta mágica, la segunda, con un peine de extraordinario filo; y por último, mediante una manzana envenenada. La joven cae en un sueño profundo, similar a la muerte. Los enanos, ejecutando las mismas cabriolas pero esta vez como muestra de aflicción, confeccionan un ataúd de cristal para seguir contemplando a Blancanieves aún después de muerta.

Eventualmente, un príncipe llega a la región. Oye la historia de Blancanieves y decide visitar su ataúd. La joven es tan hermosa que el príncipe gestiona con los enanos que éstos le permitan besarla. Al hacerlo, se desprende el pedazo de manzana que se había atorado en la garganta de la muchacha; ésta despierta y accede a un repentino matrimonio. Nunca se nos aclara como un "beso delicado como el rocío" puede liberar una tráquea.

La bruja-reina asiste a la boda en una corte vecina, desconociendo que la novia es, en realidad, Blancanieves, pero el príncipe ya ha preparado un plan bestial. La bruja es calzada con un par de zapatos de hierro calentados al rojo vivo, y se la obliga a bailar hasta caer prolijamente muerta.

Hasta aquí, la versión tradicional de Blancanieves, tal como se la puede leer en cualquier rincón del mundo. Los que se hayan quedado con la versión cinematográfica de Disney sin dudas encontrarán inexplicables discrepancias.

Fue el historiador Karlheinz Bartels quien descubrió el verdadero origen del cuento de Blancanieves. La historia original puede rastrearse hasta las márgenes del río Meno, en Alemania, donde en 1729 nació Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal, la verdadera Blancanieves.

El padre de esta niña fue Philipp Christoph von Erthal, diplomático de Lohr. En 1741, tras la muerte de la madre de Maria Sophia, Philipp se casó Claudia Elisabeth Maria von Venningen, condesa imperial de Reichenstein. La "madrastra de Blancanieves", de carácter violento y autoritario, que aprovechó las ausencias diplomáticas de su marido para favorecer a los hijos de su primer matrimonio. La prueba central de que María Sophia es en realidad Blancanieves es el “Espejo Mágico”, o espejo parlante del cuento. El castillo de Lohr poseía un fastuoso espejo que hoy en día se halla en el museo de Spessart. Éste fue el regalo de bodas de Philipp a su segunda esposa, la bruja-reina del cuento. Su manufactura es tan delicada que el marco del espejo posee propiedades acústicas notables. Se dice si alguien habla cerca de él, por sus aberturas puede oirse un extraño eco que parece responder las preguntas que se le formulan.

Más aún, sobre el marco puede leerse una inscripción que parece reflejar perfectamente la vanidad de la "bruja": Amour Propre, literalmente, "amor propio".

¿Pero dónde se encuentran los siete enanos? -se preguntará el lector ávido de confirmaciones- En las estribaciones del Höhenweg, las Siete Montañas de Spessart, donde hoy en día se hallan los despojos de las minas de Bieber, en las que trabajaba un número considerable de niños envejecidos por la dura labor. El sarcófago de cristal también procede de allí, ya que en aquella región se manufacuraban majestuosos cofres funerarios traslúcidos.

El cronista oficial de la familia Erthal, M.B. Kittel, describe a Maria Sophia como una joven hermosa y llena de virtudes, “un ángel caritativo y bondadoso; activo contra la pobreza y la indigencia”. Toda la región la consideraba una especie de hada sobrenatural, y las crueldades de su madrastra quedaron doblemente expuestas a causa de la ceguera parcial de la muchacha, producto residual de la varicela.

Esta historia fue recogida por los hermanos Grimm, siempre atentos a las tragedias clásicas, y en 1812 la primera historia de Blancanieves y los siete enanitos fue arrojada sobre las imprentas europeas con algunas alteraciones que intentaban disimular el verdadero origen del cuento. El cine hizo el resto, haciendo prácticamente imposible hallar a la ciega María Sophia en el rostro lívido de Blancanieves.

La verdadera historia de la sirenita.

La Sirenita: la verdadera historia.

La Sirenita (Den Lille Havfrue: literalmente, "La pequeña mujer del mar") es un cuento de hadas del escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875), publicado originalmente el 7 de abril de 1837 en la antología Cuentos de hadas contados para niños (Eventyr, Fortalte for Børn).

Desde su aparición La Sirenita ganó una inmensa popularidad. Las reedicicones son incontables, así como las adaptaciones a otros medios como el teatro, el cine, e incluso el ballet. Sin embargo, la verdadera historia de La Sirenita, como la de muchos cuentos populares, dista mucho de parecerse a la que se ha instalado en el imaginario colectivo.

Acaso para poner a salvo la sensible mente de los niños -que de nada tiene debería ser salvada- la mayoría de las adaptaciones de La Sirenita ha omitido el final trágico del original, quizás porque plantea algunas dificultades insuperables para los adultos. En definitiva, la versión que ha sobrevivido de La Sirenita asfixia eficientemente todo lo que inmortaliza un cuento infantil.

¿Cuál es esta versión de la que hablamos? Aquella que reúne felizmente a los protagonistas del cuento, la Sirenita y el príncipe, dos personajes separados no solo por la estirpe, sino por el medio en el que viven.

Ahora bien, la verdadera historia de La Sirenita posee algunos matices dignos de las mejores tragedias de antaño, reducida, es cierto, a una especie de maniqueismo nutritivo propio de quienes ven en los niños unas entidades más o menos estúpidas, y acaso incompletas.

Hans Christian Andersen, sutil y profundo adaptador de mitos, plantea una historia muy diferente. La Sirenita de su cuento es perfectamente capaz de entender y hablar la lengua de los hombres, ya que en las oscuras aguas de los abismos aún se recuerda la época en que los seres del océano y las criaturas pedestres vivían en un conveniente idilio.

La Sirenita vive en un luminoso reino subacuático con su padre, el rey del mar, sus cinco hermanas mayores y su abuela. Cuando la joven, un tanto díscola, cumple 15 años de edad, se le permite ascender y contemplar el mundo de la superficie de tanto en tanto. Las reglas son claras: una visita por año es más que suficiente para las jóvenes, y la Sirenita, que pasó toda su infancia oyendo las historias extraordinarias narradas por sus hermanas, realiza su primer ascenso llena de anhelos y fantasías.

Su primer viaje a la superficie la lleva cerca de los restos de un naufragio, donde un único sobreviviente aún se mantiene a flote en las aguas turbulentas. Este joven resulta ser un príncipe notablemente apuesto y de caracter más bien cándido. Enamoradiza como todas las criaturas del mar, la Sirenita cae rendida ante los encantos del príncipe, y se propone superar todas los inconvenientes para conquistarlo. Imposibilitada de seguirlo en tierra firme, la Sirenita lo salva y lo abandona en la costa, justo al lado de un antiquísimo templo a las deidades submarinas.

Rápidamente la Sirenita vuelve a sumergirse para interrogar a su abuela, una sirena sabia y anciana; quien le informa que la vida de los humanos es mucho más corta que la de las criaturas de los abismos, cuya duración se estima en 300 años. Más aún, le explica que cuando las sirenas mueren se transforman en la espuma del mar, mientras que los humanos poseen alma y un destino inmortal en el cielo.

Deseosa de compartir ese destino de eternidad, la Sirenita se reúne con la Bruja del Mar, una especie de espíritu acuático con poderes formidables. Ella le propone un pacto de dudosos beneficios: la transformará en una mujer humana, pero si el príncipe decide casarse con otra, morirá inexorablemente. Además, a modo de adelanto, la bruja le pide solicita un sacrificio brutal: su lengua. De este modo, mutilada en su esencia misma (la voz y el canto) la Sirenita se arroja al mundo de los humanos dejando atrás su cola de pez, sabiendo que sin ella jamás podrá retornar al medio acuático.

Pero conseguir un par de piernas es ligeramente más difícil que hacerse de un alma inmortal. Esta -explica la Bruja- solo pertenece a los humanos, y cualquier otra criatura debe ganársela mediante un beso. En otras circunstancias, esto no hubiese sido un problema para la joven Sirenita, desde luego, bellísima; pero despojada de su voz, y con dos piernas que se sienten como dos espadas cortándole las caderas con cada paso que da, el asunto se torna complicado.

El príncipe pronto se siente atraído por esa joven de andar tambaleante. Goza enormemente al verla bailar y saltar, y ella lo hace, a pesar del dolor insoportable que esto le provoca. Sin embargo, tras un corto idilio, el príncipe resuelve seguir los buenos consejos de su familia, y se casa con una joven noble acorde a sus espectativas.

Sabiendo que esta decisión la matará, las hermanas de la Sirenita le ofrecen una vía de escape: un cuchillo mágico que le devolverá la cola de pez si con él logra asesinar al príncipe y bañar sus piernas con la sangre de aquel. Para conseguirlo, las cinco hermanas debieron entregar sus exubertantes cabelleras a la bruja.

Es así que la Sirenita se acerca al lecho de los recién casados con el cuchillo en la mano, llorando silenciosamente por todo lo que ha resignado. El amanecer la encuentra allí, llena de dudas e incertidumbres. Sabe que es incapaz de matar al hombre que ama, y en consecuencia arroja el cuchillo y se lanza al mar, que la recibe en su seno y la convierte en una espuma delicada y fragante.

Pero no todo termina alli. La Sirenita pronto se encuentra rodeada por los espíritus incorpóreos de incontables sirenas muertas, condenadas a realizar salvatajes imposibles para suavizar los tormentos que Dios, en su infinita sabiduría, ha depositado sobre todos los que trastocan el orden natural...

Esta es la verdadera historia de La Sirenita. Lisa, llana, y sin parábolas edificantes, solo con la leve certeza de que hay fronteras que no deben cruzarse, ni siquiera por amor. Todo lo demás se lo debemos al espíritu censor de los juiciosos productores de cine.