sábado, 28 de marzo de 2020

El último graznido


Mi búsqueda concluyó por fin. Encontré un pequeño riachuelo en el que puedo refrescarme. Me siento tan cansada...

He atravesado los lugares más inhóspitos, dejé rastros de mi propia carne en la infinidad de mi camino.
Dejé todo atrás: mi hogar, mis sueños y mi propia identidad. Todo por ti. Por un poco de ti.
Pero no obtuve nada.
No importa a dónde vaya, ni en qué brazos me pose. Todos se van al final. Todos me dejan sin comida, sin bebida. Les asquea mi aspecto enfermo y mis graznidos.
Pensé que serías quien por fin me diera un hogar eterno en su lecho, pero no.
Ya puedo sentir el asco en tus palabras.
Los pretextos para enojarte, las ganas de darle hogar a otras aves.

Hoy me rindo
y éste es mi último riachuelo antes de volar hacia el sol, para sentir un calor que me calcine. La ausencia de toda luz me fue negada, así que tendré yo misma que ir a ella
aunque muera en el intento.

sábado, 21 de marzo de 2020

Caballito de mar


Entre algas neón y corales brillantes te mueves, muy despacio.
Cuidas hijos ajenos, porque naciste para ello: Eres protector del océano, de los más inofensivos.
Te mimetizas cuando buscas alimento pero cuando me ves, te vuelves arco iris.
No creo merecer tanto, o quizás nada...
Soy un pez opaco que se perdió entre plástico y plancton. Sobrevivo contra mi voluntad, pues sólo quisiera ir a la superficie a darle una última mirada al ocaso.
Tú eres un caballito de mar, viviendo entre los tuyos.
Ella también lo es, y viven juntos.
¿Por qué me escogiste a mi?
Y a pesar de que aún tu cola esté entrelazada con la suya, tu cínica mirada no se despega de mi.
¿Por qué no me dejas ir?
No importa si trago micro plásticos a propósito, no importa si me dejó atrapar por pescadores.
Me salvas una y otra vez,
Aunque sé que algún día dejarás de hacerlo
Y me dejaras flotar, sin vida, cuando las olas se tornen púrpuras.
Y tú seguirás allí, con la colita entrelazada
a la de ella.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Cuarentena


Es la primera vez que el mundo me entiende, y estoy tranquila.
Veo cómo sienten miedo, cómo están todos aterrorizados, como nunca antes lo estaban. Se siente tan yo.
Las angustias los hacen comprar cosas que no necesitan, cosas que nunca usarán sólo para sentir alivio en sus despreciables vidas. Sólo para llenar todos los agujeros en su alma. Se siente muy yo.
Veo cómo se llenan de ira, y explota el termómetro haciendo salpicar todo el mercurio en sus propios ojos, intoxicándolos más que una enfermedad inventada.
Están solitarios algunos, otros en caos absoluto, pero nadie libre.
Enjaulados todos, como enjaulamos aves o lagartos.
Por fin están cara a cara consigo mismos, aterrados con lo que ven en el espejo. Hartos de lidiar con sus propias quemaduras, ocasionadas por sí mismos. Ésto es más yo que cualquier otra cosa.
Pero su temor, el más absurdo.
La muerte.
El eterno descanso es lo que temen.
Y eso sí que no es tan yo.
Hoy el mundo sí me entiende, pero no completamente.
Su miedo por la muerte es un síntoma, pero para mí, la cura más potente.