miércoles, 18 de marzo de 2020

Cuarentena


Es la primera vez que el mundo me entiende, y estoy tranquila.
Veo cómo sienten miedo, cómo están todos aterrorizados, como nunca antes lo estaban. Se siente tan yo.
Las angustias los hacen comprar cosas que no necesitan, cosas que nunca usarán sólo para sentir alivio en sus despreciables vidas. Sólo para llenar todos los agujeros en su alma. Se siente muy yo.
Veo cómo se llenan de ira, y explota el termómetro haciendo salpicar todo el mercurio en sus propios ojos, intoxicándolos más que una enfermedad inventada.
Están solitarios algunos, otros en caos absoluto, pero nadie libre.
Enjaulados todos, como enjaulamos aves o lagartos.
Por fin están cara a cara consigo mismos, aterrados con lo que ven en el espejo. Hartos de lidiar con sus propias quemaduras, ocasionadas por sí mismos. Ésto es más yo que cualquier otra cosa.
Pero su temor, el más absurdo.
La muerte.
El eterno descanso es lo que temen.
Y eso sí que no es tan yo.
Hoy el mundo sí me entiende, pero no completamente.
Su miedo por la muerte es un síntoma, pero para mí, la cura más potente.

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