viernes, 30 de diciembre de 2016

Envenenada (Escrito el 31/08/2015)


Mi dolor de cabeza es insoportable. Hoy quiero estar sola, pero al mismo tiempo, quisiera que vinieras... No es tan simple. No es físico. De hecho,es por tu culpa.
Te fuiste otra vez, pero en ésta oportunidad yo decidí que te irías para siempre.
Escucho unos discos entre la espectral humareda de mi solitario cigarro, y destierro toda esperanza de mi habitación. La convierto en algo peor que el infierno: en un cementerio de promesas que nunca se cumplieron y en una vorágine de ira, toda esa que acumulé hacia ti, hacia la única persona que me amó un poquito.
Hoy te odio tanto que mi desprecio se rebalsa a través de mis ojos y llena mis pulmones de alquitrán. Una bajeza a la que caí por el peso del veneno en todo mi cuerpo, el cual es más fuerte que todas las toxinas presentes en el tuyo. Te odio como no tienes idea. Te odio y te lloro. Mis manos imaginan una reconfortante presión en tu garganta, mientras mi boca blasfema aquel momento en el que dejé de mirarte para observarte.

El castigo


No te tengo. Sé que no piensas en mí, sino que, tal vez sea otra la que albergue entre sus brazos un pedacito de tu historia. Sé que es una más entre tantas, como lo fui yo para ti.
Aún guardo tu recuerdo en una urna dorada, mientras tú tienes el mío en el suelo. Lo pisoteas, lo deshaces sin reparo al unísono en el que sonríes con la misma crueldad con la que tu silencio me hizo desaparecer de tu vida y de mi propio mundo.
Mataría por sentir tu amor otra vez, por nuestro secreto inmaculado, por el alma que nos robábamos en cada noche indiscreta. Te haría el amor hasta que todas las mañanas mueran y nos fusionemos con la luna. Pero hoy por fin me mataste, y está en mi deber, en mi credo y mi obligación, castigarte.

martes, 27 de diciembre de 2016

Perdida (escrito el 22/12/2016)



Soy un errante barco de velas blancas, como las alas de un cisne muerto: lentamente me voy desintegrando al compás del invierno, conforme el viento va azotándome en su más rebelde ímpetu.
El vaivén de las olas me hace danzar en medio de la nada; la soledad y la desolación son los capitanes de mi barco.
Estoy perdida en los rincones más inhóspitos de mis propios pensamientos, y he naufragado a tu ya casi olvidada figura, tendida en mis sábanas.
Nadie puede oírme gritar, soy el incendio más destructivo, y elevo una nigérrima humareda que irrumpe en la cerúlea infinidad del cielo de mediodía, pero nadie me percibe. Nadie viene a buscarme.
Mis ojos siguen cerrados y nunca más despierto. Mi sueño se v
vuelve perpetuo, como un largo camino de islas desiertas, océano infinito y se convierte en el círculo de mi propia perdición.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Recuerdos


A veces suelo quedarme ciega ante todo el desastre.
Otras veces, no puedo oírte gritar.
Hay veces en las que las palabras se atascan en mi garganta cuando mi sensatez no las deja huir, pero lo que nunca anticipa su omnipresencia, son los recuerdos.
Algunos, latentes, pueden percibirse como nervios a través de las hojas a contraluz con el sol si se les espera en el ocaso, y hay otros que tardan tan sólo un segundo en manifestarse, un segundo de añoranza que cala hasta el alma, un segundo que mata.
No hay recuerdo que duela en lo más intrínseco de la pureza, lo que duele es el impacto de un presente que difiere de él y sus falaces expectativas, lo que mata es el futuro inexistente, una neblina de incertidumbre sin conclusión alguna, además del desenlace único: la muerte.
No existe mayor desdicha que la ruin visión de un panorama ajeno, no hay timón que conduzca a la cordura en medio de una locura desconocida y vertiginosa como un tornado de vacíos, una vorágine de agujeros negros absorbiendo cada último signo vital.
Nada duele más que los recuerdos. Nada duele más que el desenlace manifestado en el verdugo más temido: un presente desolado.

sábado, 29 de octubre de 2016

El Espejo Roto

"Le nuit blanche": https://www.youtube.com/watch?v=Vub4R_MBG5U


Estás sentado frente a mí, sombrío y cabizbajo. Dices que estás triste, y siento resquebrajar mi garganta a tu dolor, ya que si supieras lo feliz que soy teniéndote cerca, tal vez no lo estarías, o tal vez te dé igual...
De mi boca no sale nada más que tonterías, y no aporto en absoluto en tu consuelo. Soy tan estúpida y me odio.
Dices que eres un espejo roto. Pienso un rato, te visualizo y puedo imaginar de todo, menos lo que tú describes.
Puedo imaginar un fresno, que danza suavemente al viento sin perder su majestuosidad. Lo imagino rodeado de un verde paraje, con idílico encuadre y las hojas escarchadas de rocío. Puedo imaginar lo perfecto y armonioso de sus ramas y su aroma, invadiendo mis pulmones y permitiéndome respirarte. 
Si no eres un fresno, entonces eres el sol en el ocaso, que baña en cobre mi desnudez y permanece en la ventana de mi anhelo, tiñendo las nubes de naranja y dorado, resplandeciente y eterno como tu presencia en mi pensar. 
Si no eres el sol, eres la lluvia: llanto de ángeles que envidian tu hermosura y me rodean en el más cadencioso arco iris, un cromatismo que irradian tus ojos al posarse en mí y me atraviesan cual arpón al pez más recio del océano.
Eres también como un enorme abismo marino, de calor luminiscente y misterioso. Me imposibilitas discernirte en tu oscuridad, ya que temo que me mates al intento, mientras lentamente desciendo en tu penumbra para desaparecer en tu reconfortante tibieza.
[...]
Eres todo eso y mucho más, pero nunca un espejo roto.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Tenue


Todos tenemos un amor platónico. Alguien inalcanzable, algo así como una estrella. No importa qué tanto se ame a alguien, todos renunciarían al amor por esa estrella. Hoy aprendí que es aquella nuestra más grande debilidad, la que nos vuelve dóciles y nos martiriza con la imposibilidad de tenerla. Pensamos en aquello desde que abrimos los ojos, en la mañana, hasta que la reconfortante oscuridad nos pone a dormir. Soñamos con él. Vivimos por él.
Lo imposible es lo que más nos atrae, nos esclaviza en el anhelo persistente de tenerlo y nos destruye en cada fracaso al intentarlo. Muy en el fondo sabemos que jamás va a pertenecernos, pero nos es sublime engañarnos pensando en que hay esa posibilidad, por más mínima que sea. También aprendí que, tal vez, nosotros deberíamos ser nuestro propio objeto del deseo y amarnos a nosotros mismos, pero muy pocas veces logramos asimilarlo. A mi alrededor veo miles de estrellas, algunas más resplandecientes que otras. Su luz rebota en mi perenne opacidad. Todos tenemos una estrella, pero no todos somos una. Hoy aprendí, por último, que tú irradiarás para muchos, pero yo permaneceré tenue para todos.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Nada



Todo es tan vacío. Todo aquello en lo que creí no resultó ser más que un cúmulo de ilusiones irrisorias que nuestra cabeza almacenó a través de los años. El mundo, lentamente, se va desmoronando para quedar
vacuo e inundado por la total nada. Hoy me encuentro con todas las ruinas de esas ilusiones a mis pies. Estoy rota, pero mi cuerpo se mantiene de pie, soberbio y recalcitrante, con la mirada enaltecida por los hilos de mi orgullo. Por dentro es distinto, ya que sólo soy una corta extensión de todas las ruinas.
Ya no hay amanecer que me sorprenda. Todo a mi alrededor es como una película repetida: El mismo escenario, los mismos personajes, el mismo guión. La rutina me ha convertido en el mismo aburrido fotograma y no tengo mayor protagonismo fuera de ésta estúpida película. No soy otra cosa que un pequeño cliché costumbrista con mis eternos compañeros de escena: la soledad y la resignación. Mi mal humor y mis ganas de huir han conspirado para hacer de mi cabeza una perfecta catástrofe emocional. Quisiera avivar todas las llamas, pero lo único que hay es frío, la ausencia de todo, la ausencia de tu imagen, inventada por mí.
Algún día me fusionaré a la nada y desapareceré, como cada ser que existe en éste mundo: desaparecer sin dejar rastro, pero sólo somos pocos quienes nos hemos dado cuenta de ello, para desgracia nuestra.

viernes, 29 de abril de 2016

Déjame dormir


Déjame mutar en hojas secas y caer con la misma suavidad con la que el sol se filtra en la persiana. Quiero tenderme en tus brazos y cerrar mis ojos, tratar de morir un instante en tu regazo.
Hace tanto tiempo que no puedo dormir; me siento tan cansada, agotada de tantas guerras internas, tanta sangre y derrota en mis pensamientos que por fin me he dado por vencida, al menos hasta que pueda respirar ese tónico que eres tú.

La resignación


El tedio se ralentiza en su máxima expresión cuando la estás pasando mal, cuando cada segundo es un paso más el calvario de una vacía existencia. No importa qué tan gratos sean algunos momentos, la premonición exacta de que éstos pueden llegar a ser tan efímeros es lo que mata en pesadumbre.
Veo a mi alrededor, todo va muriendo lentamente, todo cae y no vuelve a levantarse. Hay estrellas, pero el cielo sigue siendo oscuro y mucho más grande que ellas. Soy un péndulo que oscila entre la fantasía y la realidad, pero estuve demasiado tiempo estancada en lo primero. Hoy pude abrir mis ojos y encontrarme con mi eterna soledad, sin embargo, hemos decidido hacer las paces y dar lugar en nuestro círculo a un nuevo amigo: la resignación.

La muerte


La vida es una serie de acontecimientos banales. No es más que un conjunto de percepciones en los que, para algunos, algo que es hermoso es, para otros, un calamitoso desastre. Estamos encerrados: La libertad no existe y es, nuestro cuerpo, nuestra principal cárcel. Recién fuera de él somos libres y, bajo esa premisa, lo único que puede liberarnos es la muerte.
La gente en su mayoría piensa que la muerte es algo triste. Piensa que perder a un ser querido es lo peor, lloramos por esas personas que se fueron como si no hubiera un mañana, y es verdad en cierto punto, pues ya no habrá un mañana en el que ellos nos acompañen. Sin embargo, estamos siendo egoístas. Estamos pensando en nuestro propio placer y bienestar, aquel que nos produce ver y tener cerca a esa persona. Nos olvidamos por completo de ella y no nos ponemos a pensar en su tan esperada libertad. Por fin ha alcanzado aquello que a nosotros nos toma toda la vida, aquello por lo que muchos haríamos lo que sea. Cuando un ser querido se va, trasciende. Ya no importa más lo que esa persona dejó atrás en el plano material, ahora sólo se ha convertido en esencia, una que es libre e inmortal tanto en lo terrenal como en lo desconocido. En lo terrenal se manifiesta a través de otras personas en el recuerdo. Un recuerdo, por más pequeño que sea, es aquello que da perpetuidad a lo intangible de aquel cuyo cuerpo expiró. Un recuerdo puede ocurrir al mismo tiempo en dos lugares distintos, y es allí cuando nos damos cuenta que la percepción de tiempo y espacio dejan de existir en la inmaterialidad del alma.
La libertad que la muerte nos propicia es hermosa, y es por ello que no debería ser algo de temer, o algo por lo que nos sintamos desconsolados, ya que si hablamos de un "difunto" no nos referimos más que al cascarón que encerró algo más que a un cuerpo: una esencia.

lunes, 8 de febrero de 2016

Mírame



Quiero que me mires ésta noche, en la que me vestí sólo con mi piel. Mírame hasta que mi imagen se desgaste. Hasta que se derrita la cera de aquellas velas como lo hace tu cuerpo ante mí. Mírame hasta que tus pupilas tomen la forma de mi silueta y sean la guadaña que me sentencie a ti, desgárrame con tu mirada. Las cortinas me cubren como neblina mientras te aproximas, con exquisita cautela. Tuve miedo, pero me hipnotizaste hasta hacerme tu esclava, tu servidora en ese juego subrepticio y medieval, hasta tomarme en mi totalidad y devorarme con tus ojos, descubriendo cada uno de mis defectos y difuminándolos con caricias.
Mírame desde la sombra, contémplame y disuélveme, para volver a armarme. Tócame. Mata cada parte de mí y revíveme con un sólo espinazo, y que los pétalos se deslicen en mi cuello al unísono que nos enredamos en un laberinto de sábanas azules. Envenéname miles de veces con el salar de tu espalda y has que me pierda en tu paraje. No me dejes salir; encláustrame tras tus párpados y apaga las velas, no necesitamos más fuego que el de tus ojos.

sábado, 30 de enero de 2016

Momentos



Hay momentos fértiles, en los que aramos metas y hacemos indestructibles nuestros tesoros. Momentos para producir más que algo que tocamos: sensaciones.
Hay momentos que se confunden con un sueño, y que se entrelazan con la ilusión.
Nos ilusionamos con momentos que a veces pasan y a veces no.
Cada segundo es un momento, y son gotas que forman un espejo en el cual se refleja nuestro ánimo.
También hay momentos malos: son aquellos que, renuentes a nuestra felicidad se atascan en el reloj, ralentizando el suplicio.
Hay momentos tremebundos, cuando la ilusión pende de un hilo muy frágil a lo desconocido. Cada decisión nos lleva a un mundo distinto, y se convierten en ramas de un árbol infinito.
Hay momentos que se intentan repetir, mas nunca son iguales, cada uno es una huella dactilar en nuestros recuerdos.

viernes, 15 de enero de 2016

Dunas



Apaga las luces, no quiero que veas mi rostro después de haber llorado tanto, ya que te hará recordar a  aquellos malos sueños de los que despertabas muy asustado cuando eras niño, es decir, hace no mucho tiempo.
No quiero que me veas llorar cuando hagamos el amor otra vez, o tal vez sería mejor no vernos hasta que pasen las centurias necesarias para poder olvidarme de aquel, cuyas cadenas voy rompiendo poco a poco.
A veces sus imanes atraen lo que queda de grilletes en mis manos, porque paulatinamente él me busca como un detector de metales en la playa, para tomarme prisionera otra vez y separarme de mi ya tranquila soledad.
Mi cuerpo se ha convertido en un reloj de arena destrozado, ya perdí la noción de cuánto ha tomado él de mi juventud, yo supongo que más de la mitad, o tal vez toda. Me dejó como dunas que antes eran mar, baldía y muerta, sin la posibilidad de que otro habite en mí. Sin la posibilidad de que tú estés en mí, o siquiera te animes a acompañarme para apaciguar la ventisca que no me deja dormir en la madrugada, esa que está en mi cabeza revolviendo cada partícula suya en la que no deja de estar presente, sólo se mueve constantemente, pero siempre está en mí.

jueves, 14 de enero de 2016

Me perdí.



Me gusta perderme en espejismos, mientras tú eres el oasis en medio de mi desértica soledad, que me hizo perder la percepción de la realidad. He naufragado en el olvido, pero tú aún sigues buscándome, intentando anclarme a tus orillas y seduciéndome como pececillos coloridos en medio de la aridez de mis propios pensamientos vacíos.
Soy una chica mala, tan mala que huyo de tus buenas intenciones. Soy mala como el granizo que destruye despiadadamente lo que intentaste cultivar para mí. No me importa más que bailar sobre insectos que antes temía y tornarme anaranjada al desnudarme bajo el ocaso: Soy inmpúdica e indomable como lo que salía de tu boca cuando me sometí a ti, hace tanto tiempo.
Las avionetas pasan, pero no me interrumpen, porque estoy perdida y me gusta estarlo, hasta que la sed regrese:
mi sed de ti.

lunes, 11 de enero de 2016

Tú y yo



Ésta vez huí de ti. Me precipité al inmenso abismo que te rodea, porque tú eras lo único que pude percibir, aunque vaporoso y casi invisible ante los objetos punzo cortantes de éste barrio de mierda en el que caminé muchas veces junto a ti, en otras épocas.
Corrí a ciegas a casa, una casa que dejó de ser hogar también. Oí tu llamado, pero hice caso omiso: o eras tú o era yo. Y así me despedí sin decir una palabra. Me despedí por enésima vez, de una de las mil maneras en que me despedí de ti. Tal vez haya otras futuras despedidas, pero bienvenidas nunca más.
Y así nos convertimos en muertos vivientes. Estamos juntos en una oficina de afable apariencia, pero habitada por dos cuerpos sin alma, porque tú no tienes alma. Nunca la tuviste, o tal vez murió antes de conocer la mía y que tu cuerpo me la arrebate. Mi alma yace en algún lugar en lo más recóndito,mientras yo cometo el error de buscarla en estantes de ropa y perfumes, o tal vez en una pizza, no lo sé. Somos seres desalmados, putrefactos. Hemos muerto hace tanto tiempo que ya no puedo recordar lo que es sentir algo, ni siquiera tristeza. Lo único que me queda es una pizca de odio, que aflora cada vez que me recuerdas que nunca me amaste ni me amarás. Es ese último gajo de sentimentalismo lo que me hace continuar viviendo sin la necesidad de deshacerme de ti

jueves, 7 de enero de 2016

El mar



[*]Hay dos últimas mitades de durazno en el fondo de la lata de conserva. Están juntas, inertes y congeladas, como nosotros las últimas noches que dormimos juntos. El almíbar sobrante lo vierto en un vaso, le agrego vodka y agua. Bebo mi improvisado veneno mientras me asomo a la ventana, para ver con nostalgia el aburrido escenario de mi calle, iluminado de amarillo. Allá afuera, en la inmensidad, duermes. Sé que piensas en mí y no puedes dormir por mi culpa. Perdóname.
El mar. Tú eres como él, ya que no me quieres dejar ir: Me arrastras a ti y me tomas a la fuerza.
Pero, ¿Qué hago yo pensando en el mar si mi calle es lo menos marino que puede existir? Porque es, en momentos como éste, cuando te pienso: Ahora te siento como olas, como una gélida caricia de espuma en mis pies, como si invocaras al mismo Poseidón a mi morada, mis ojos se irritan con la sal de tus aguas y me ahogo en tu abrazo. Pero me gusta. Me gusta porque eres como el mar.

domingo, 3 de enero de 2016

Soy un desastre



Lo que me dejó ciega ésta vez fue el reluciente espejo de tu armadura. Me hizo ver pequeña ante tu total majestuosidad.
Eres la perfección de todas mis imperfecciones. Tengo miedo, mis temores son un enorme bosque en total penumbra, a través del cual apareces, imponente, a tomarme sin pedir permiso y guiarme. El miedo sigue ahí, pero tu presencia resulta un alivio a mis eternos autocuestionamientos.
No puedo caminar más y me detengo, mi cuerpo es joven pero mi mente lonjeva, pues tú abarcas años luz en ella, haciendo que cada paso sea como arrastrar el peso del mundo.
Lo siento. Soy yo quien ahora te pide perdón, yo te he abandonado por completo y ahora tú vuelves a mí, pero más resplandeciente que nunca.
No lo merezco, soy nada
Soy nada y todo a la vez, pero un todo que sólo tú puedes ver. No voy a mirarte a los ojos, temo que veas en los míos todo el desastre que soy. Soy un calamitoso desastre, soy quien nunca quise ser mientras tú eres quien nunca pensé que serías.
No me escuches si te digo que te alejes: Quédate, tómame y conviérteme en aquella que encontraste hace tanto tiempo,

Intermitente



Me gusta el color de tu piel en la madrugada, cuando ya casi amanece. Está en escala de grises, como si se tratara de un agradable recuerdo, pero se encuentra en mi más excelso presente.
Invades mi mente por completo y extiendes mi insomnio, no permites que nadie más entre en mí, acaparando todos mis sentidos en la candorosa tersura de tus manos, que, a la vez, son atrapa-sueños que reconfortan mi descanso.
Tu cabello es una aurora boreal que atrapé bajo mi techo, se enreda en mis dedos mientras éstos se esconden bajo tu cuello, protagonizando secretos que recordaremos al caer el telón de la noche.
No tengo prisa, aunque el tiempo pase más rápido; te tornaste tenue, para no distraer mis ojos con banal colorido y sólo poder trazar con mis manos todos tus rincones, a ciegas. No necesito más que tu tacto, tu aroma y el frescor de una ventana abierta para evitar ahogarnos en suspiros o en tu gemir intermitente.
Búscame en la oscuridad, no necesitarás nada más que tu boca.