Soy un errante barco de velas blancas, como las alas de un cisne muerto: lentamente me voy desintegrando al compás del invierno, conforme el viento va azotándome en su más rebelde ímpetu.
El vaivén de las olas me hace danzar en medio de la nada; la soledad y la desolación son los capitanes de mi barco.
Estoy perdida en los rincones más inhóspitos de mis propios pensamientos, y he naufragado a tu ya casi olvidada figura, tendida en mis sábanas.
Nadie puede oírme gritar, soy el incendio más destructivo, y elevo una nigérrima humareda que irrumpe en la cerúlea infinidad del cielo de mediodía, pero nadie me percibe. Nadie viene a buscarme.
Mis ojos siguen cerrados y nunca más despierto. Mi sueño se v
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