Siglos y siglos
comprimidos en unos cuántos días
se despliegan en mi mente
ante los ecos de tu ausencia.
Por momentos cae una que otra lágrima
y dejo que se seque sola
al igual que todo lo que hago:
Sólo dejo fluir
mi existencia sin ti.
Los domingos son tan duros
e intento disiparlos con oro
uno que brille tanto como tú.
Como aquel fuego
que ardía entre nosotros.
Un beso,
combustión espontánea
y echados, desnudos
sobre nuestras propias cenizas
hacíamos de los domingos un hogar.
Uno que quedó tan lejano
que duele.
