Volví a caer estrepitosamente entre un espinar, y ésta vez mis huesos se rompieron. No puedo moverme.
Mi cuerpo está tan frío como el de un cadáver, a excepción de mi rostro que se enrojeció con la excesiva cantidad de licor que besé ésta noche
Pensando en tus labios.
He llorado tanto que se me agotaron las lágrimas, y ahora mi sangre es azul. No hay más vida en mi cuerpo.
A lo lejos, sin embargo, puedo ver una luz tenue, y un sonido.
Es el sonido más hermoso que escuché en mi vida, pero, ¿Por qué justo ahora, cuando estoy destruída, sin esperanzas y rendida a la parca?
El sonido viene acompañado de tu voz. Nunca la oí, pero siempre la imaginé. Me susurras con tanta suavidad, con tanto amor, que mi cuerpo sacó fuerzas de su propia sangre, y me pongo de pie.
Continúo mi camino, a solas ésta vez. Ahora sólo necesito encontrar la procedencia de esa hermosa canción. Tu canción. Nuestra canción.




