domingo, 29 de diciembre de 2019

Desaparecer.

"IL Rito" (detalle), por Roberto Ferri

No te creo cuando me prometes el cielo. Puedo verlo por mi misma, y no necesito tenerlo para sentir que es mío.
Tampoco te creo cuando me dices que me quieres. Sé que terminara tan pronto como el recuerdo que tienes de mí, lejano y desenfocado.
Mis ojos están clavados en el techo como todas las noches, y mis párpados inmóviles, incapaces de cerrarse.
Las lucesita rojas de mi árbol de navidad vibran en una melodía que puede oírse solo con verse. Es lo único que puedo percibir en los años luz que parece durar ésta noche.
Una noche más sin dormir. Parecen infinitas, todas ellas.
Y me voy obnubilando poco a poco, pero mi cuerpo sigue aquí, sólido y más pesado que un barco lleno de tesoros robados. Me hundí en tu olvido y allí me quedé, inerte y abandonada.
Para siempre.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Síndrome de Estocolmo


Estoy en un mar de vino tinto, tan dentro de él que me convertí en un pez. Soy un pez que respira alcohol y vive aletargado en su propia adicción. Cuando alguno de ellos me toma de rehén, me encierro entre copas. Es totalmente voluntario, y siento que lo amo.
Me gusta estar a tu merced, depender de tu cuerpo y que tapes mi boca para que no pueda gritar ni gemir. Me volví tu prisionera y no quiero escapar, quiero quedarme ahí entre tus manos afiladas y subas el precio a mi rescate.
No me hagas volver a casa, ni me dejes tomar aire, quiero ahogarme en tu boca y cuando esté a punto de morir, me dejes respirar.
Ni siquiera recuerdo por qué te odié cuando me encontraste y me domaste como a la más salvaje de las yeguas. Hoy podría cargar con todo el peso de ti y lo que hay en tu cabeza, más enferma aún que la mía.
Siento que me gusta.
No quiero salir.

Patrik


Cómo no imaginarte completo en una infinidad que tú no percibes. Una en la que el otro lado del mundo es, para mí, el comienzo de éste.
Cómo no prometerte la eternidad si de por sí ya eres eterno. Y aquí me tienes, esperando por ti.
Pasamos de ser víctimas de la oscuridad a los patrones de la noche, porque en cada desvelo, sólo tú gobiernas nuestro cielo, aquel que está a nuestro alcance cuando no podemos cerrar los ojos.
Y no es porque te haya amado, o te ame, o te siga amando hasta el final de mis días, sino porque ambos nos encontramos rotos y nos curamos, como dos rompecabezas incompletos que unen sus piezas para crear uno nuevo y único, uno que nadie más volverá a desarmar porque nuestra promesa es el aglutinante de nuestras piezas. Somos bosque y mar, y colindamos en aquel punto en el que el norte y sur se besan en medio del ocaso.
Porque no importa a cuántos más me cruce el destino. Siempre serás tú. Toda la vida serás tú.

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad del 2019 (parte 2).


Estoy casi tan aterrorizada como mi gatita ante los pirotécnicos. Hace frío.
Prendo mi cigarro y me pongo a fumar en la puerta de mi casa, solitaria. El humo del tabaco con nicotina y alquitrán es inocuo a mis pulmones a comparación de las "ratablancas".
El frío se hace aún más intenso y me hace sentir como en una navidad norteña.
Aún así, me atrevo a salir sin más que un pequeño vestido, a enfrentarme a la desconocida cantidad de fuegos artificiales: si no soy valiente, debo forzarme a mi misma a serlo. Debo ser recia, debo ser la noche que siempre fui. Debo destruir fobias, y me pierdo por un momento en calles que retumbarán más que una guerra. Sólo así habré ganado una de mis batallas internas. Sólo así podré saturar mi cabeza a tal punto que te olvide, como lobotomizandome con el escándalo innecesario que miles de infelices perdidos en su propio egoísmo provocan a mis alrededores, así que camino sin rumbo. Estoy en modo "piloto automático".

Navidad del 2019.


Me desespero ante la falta de culpables, pues siempre debe haber uno y siempre llego a la misma conclusión: mi padre.
Condenada al eterno abandono, pago el karma de aquel que nunca amó a mi madre, menos aún a mí.
¿Cuándo terminará todo ésto?
No culpo a aquellos amores breves, ni a la imposibilidad de amarme a mí misma. Porque es muy fácil para todos recriminar tu falta de amor propio como si ustedes se odiaran menos a sí mismos de lo que yo lo hago conmigo...
Todos nos odiamos. No queremos estar aquí, siempre queremos más. Siempre llevamos carencias y yo lo sé. Si no fuera así, el supermercado no estaría abarrotado a éstas horas de la noche, en las que voy con mi carrito lleno y la pesadumbre de un veterano de guerra. Camino como en cámara lenta, sin ningún esfuerzo. Estoy en modo "piloto automático".
Oigo cómo un niño juega con una pelota mientras su madre espera en la cola de la caja. Siento que esa pelota soy yo. Las constantes patadas que me dan los años, cómo me voy ensuciando poco a poco, pierdo mi valor, me vuelvo vieja, inútil.
Mujeres peleando por un cesto de regalo que contiene aromas trillados y algunos ancianos con la misma inexpresividad que yo, que toman asiento en la cola preferencial porque les pesa el mundo. ¿Qué tan grande será ese mundo? ¿Cuándo llegará el fin de esos mundos?
Y envío a un barril sin fondo mi dinero, por algo más breve que las compras: una cena navideña. Una que antes, para mí, lo era todo. Pero cada año que pasa, más me duele. Mi pensamiento me tortura al preguntarme en qué momento, la pequeña familia que tengo, se irá, al igual que mi hermano. En qué momento me veré por fin cara a cara con la soledad infinita, en su estado más puro, y cuándo ésta me hará, finalmente, perder la cabeza.
Ésta navidad, por fin me perdí. Pero mi cabeza, por más pateada que esté, sigue en mí.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Ocean eyes (ojos oceánicos)


Estuve mirándote por un tiempo.
No puedo dejar de mirar esos ojos oceánicos.
Ciudades en llamas y cielos de napalm,
quince llamas dentro de esos ojos oceánicos.
Tus ojos oceánicos.

No es justo!
Realmente sabes cómo hacerme llorar
cuando me miras con esos ojos oceánicos.
Estoy asustada.
Nunca he caído desde tan alto, 
cayendo en tus ojos oceánicos.
Esos ojos oceánicos.

He estado caminando por un mundo ciego. 
No puedo dejar de pensar en tu mente de diamante.
Criatura cuidadosa hizo amigos con el tiempo.
La dejaste sola con una mente de diamantes.
Y esos ojos oceánicos.


No es justo
Realmente sabes cómo hacerme llorar
Cuando me miras con esos ojos oceánicos
Estoy asustada
Nunca he caído desde tan alto
Cayendo en tus ojos oceánicos
Esos ojos oceánicos

No es justo!
Realmente sabes cómo hacerme llorar
cuando me miras con esos ojos oceánicos.
Estoy asustada.
Nunca he caído desde tan alto, 
cayendo en tus ojos oceánicos.
Esos ojos oceánicos.

Por: Billie Eilish

jueves, 19 de diciembre de 2019

Mi salvación.


Estoy en un enorme auditorio abarrotado de gente. Un presentador de voz gruesa dice mi nombre y yo subo al escenario. Oigo aplausos secos haciendo eco, pero no me ponen nerviosa. Por dentro estoy destruida, pero por fuera siempre me muestro imponente y orgullosa, con la cabeza en alto. Estoy en modo "piloto automático".
Ese día me sentía bella. Después de estar tantos días sin bañarme, sin cepillarme los dientes ni el cabello, ya casi al borde de la indigencia en la que mi pesimismo premonitorio me situaba en un futuro. Pero no. Ese día yo era miss universo, e iba a convertirme en parte de la realeza después de mis palabras:
"Hace una semana, yo estaba en el malecón de Magdalena. Muy cerca de donde vive uno de mis más queridos amantes, pero no lo llamé. Nunca me gustó molestar a mis amigos ni mis amantes ante situaciones críticas. Estuve deambulando algunas horas, fumando cigarrillo tras cigarrillo. Tenía miedo, pues mi intención era saltar. El mar era tan amado por mí que quería morir en él. Pero Billie Eilish me detuvo".
Se hizo un silencio sepulcral. Por un segundo sentí pánico, pero proseguí:
"Ponerme los audífonos fue mi salvación. Billie Eilish estaba cantándome con una voz hermosa. Me haría falta más tiempo de vida para poder disfrutar de esa voz. Y después oí guitarras muy fuertes. Chuck Schuldiner, mi difunto amor platónico, tocaba para mí. Gustavo Cerati también me acompaño con sutil cinismo ante placeres carnales. Y cómo no olvidar a mi dios, Freddie Mercury. Yo sé que él me abrazaría muy fuerte, más de lo que ese ingrato lo haría, sólo para decirme que no lo haga, que aún no he escuchado algunos de sus discos ni he disfrutado de ver si recibo absolución por parte de mi mala suerte. Y así es como la música salvó mi vida, y me volverá inmortal el día que decida formar parte de ella".
Terminé mi discurso y nadie aplaudió, porque no había gente, ni auditorio, no presentador ni enormes cortinas rojas. Sólo estaba en mi cama frente a mi viejo iPod, mi dispositivo salvavidas, así que lo tomé, me puse mis zapatillas y salí con los audífonos puestos para recoger mis pedacitos y continuar, pero con un sabor agradable en los tímpanos.

Quiero ser la primera.


Mi respiración son como espasmos.
Mi estómago pesa más que tu silencio y se retuerce mientras se va aclarando tras las cortinas.
¿Cuándo te volveré a ver?
Es imposible creer cuántas lágrimas pueden caber en mis ojos.
Podría construir océanos con ellas y dedicártelos a ti, a tu recuerdo y desamor.
Mientras más yo lo intente, más lejos estás. Y mi pecho es una jaula en la que están atrapadas muchas aves a punto de morir.
Quiero ser la primera en tu vida. El primer amor que te haga temblar. Tú eres como el primero. Maté a los anteriores, cuya presencia aplastaste con el mismo ímpetu con el que me llevabas a casa en tu moto, con las mismas ganas con las que me hacías el amor esa misma noche.
Quisiera ser la primera en morir por ti, la primera que tome tus manos y se deje caer en el exhalo de muerte, por quién mi corazón se detuviera, por quién mis ojos se apagaran.
Hoy estoy agotada, más que nunca y a tus pies puedes observar charcos de sudor, lágrimas y sangre, ofrendas que te dejo ésta noche de las muchas que vienen, y en las cuales sólo me congelo pensando, qué será de ti. Si me dejaste de amar o no.
Quiero ser la primera, pero la última también, pues los amores fugaces me desgastaron hasta matarme, pero tú, sólo tú tienes el poder de traerme a la vida por última vez.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Sólo fue un sueño.


Hay un relave en mi cabeza. Contamina todo mi cuerpo, y la serotonina cada vez más escasea. 
Trágame tierra. Sólo quiero huir de aquí. Quiero correr a toda velocidad, una que sea cortante con mi rostro, una que me lleve lo más lejos posible del dolor. Me duele. Ya no puedo más.
La luna ilumina mi patio y yo enciendo mi cigarro con la debilidad de un enfermo terminal. Aspiro el humo que convertirá mis pulmones en brea y reviso mi celular: es tarde.
Me doy cuenta que no duermo hace tres días y no he probado bocado alguno en una semana. ¿Desapareceré si dejo de comer? ¿Mi cuerpo se devorará a sí mismo?
Y recuerdo cómo empezó todo. Empezó tan bien... Pero fue tan breve.
Tú sí sabes lo que es hacerme volar, llevarme lejos. Tú evaporaste el relave y me hiciste olvidar mi cajetilla y el encendedor por unos instantes. No quería morir, quería vivir solo porque tú existías. Pero sólo fue un sueño. Uno en el cual por fin encontré catarsis entre tus brazos, pero éstos me fueron arrebatados.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Todas mis fuerzas

"Fallen angel", por Maxim Gustarev.


Relajo mis hombros tras episodios de amargura
Y me tiendo ante el cansancio
que en mi cuerpo ya perdura.

Cómo pude deducir que me ibas a querer
Si destruida me encontraste y de todo he de temer?

Abre la puerta, que me ahogo. No puedo respirar.
Mi propia voz se ahoga y mis pies dejan de andar.

No puedo continuar si tú te irás de aquí
Y me siento ya sin fuerzas porque te las di a ti.

Todas mis fuerzas.
Todas mis fuerzas.
Todas mis fuerzas
te las di yo a ti.