Estoy en un enorme auditorio abarrotado de gente. Un presentador de voz gruesa dice mi nombre y yo subo al escenario. Oigo aplausos secos haciendo eco, pero no me ponen nerviosa. Por dentro estoy destruida, pero por fuera siempre me muestro imponente y orgullosa, con la cabeza en alto. Estoy en modo "piloto automático".
Ese día me sentía bella. Después de estar tantos días sin bañarme, sin cepillarme los dientes ni el cabello, ya casi al borde de la indigencia en la que mi pesimismo premonitorio me situaba en un futuro. Pero no. Ese día yo era miss universo, e iba a convertirme en parte de la realeza después de mis palabras:
"Hace una semana, yo estaba en el malecón de Magdalena. Muy cerca de donde vive uno de mis más queridos amantes, pero no lo llamé. Nunca me gustó molestar a mis amigos ni mis amantes ante situaciones críticas. Estuve deambulando algunas horas, fumando cigarrillo tras cigarrillo. Tenía miedo, pues mi intención era saltar. El mar era tan amado por mí que quería morir en él. Pero Billie Eilish me detuvo".
Se hizo un silencio sepulcral. Por un segundo sentí pánico, pero proseguí:
"Ponerme los audífonos fue mi salvación. Billie Eilish estaba cantándome con una voz hermosa. Me haría falta más tiempo de vida para poder disfrutar de esa voz. Y después oí guitarras muy fuertes. Chuck Schuldiner, mi difunto amor platónico, tocaba para mí. Gustavo Cerati también me acompaño con sutil cinismo ante placeres carnales. Y cómo no olvidar a mi dios, Freddie Mercury. Yo sé que él me abrazaría muy fuerte, más de lo que ese ingrato lo haría, sólo para decirme que no lo haga, que aún no he escuchado algunos de sus discos ni he disfrutado de ver si recibo absolución por parte de mi mala suerte. Y así es como la música salvó mi vida, y me volverá inmortal el día que decida formar parte de ella".
Terminé mi discurso y nadie aplaudió, porque no había gente, ni auditorio, no presentador ni enormes cortinas rojas. Sólo estaba en mi cama frente a mi viejo iPod, mi dispositivo salvavidas, así que lo tomé, me puse mis zapatillas y salí con los audífonos puestos para recoger mis pedacitos y continuar, pero con un sabor agradable en los tímpanos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario