sábado, 28 de diciembre de 2019

Síndrome de Estocolmo


Estoy en un mar de vino tinto, tan dentro de él que me convertí en un pez. Soy un pez que respira alcohol y vive aletargado en su propia adicción. Cuando alguno de ellos me toma de rehén, me encierro entre copas. Es totalmente voluntario, y siento que lo amo.
Me gusta estar a tu merced, depender de tu cuerpo y que tapes mi boca para que no pueda gritar ni gemir. Me volví tu prisionera y no quiero escapar, quiero quedarme ahí entre tus manos afiladas y subas el precio a mi rescate.
No me hagas volver a casa, ni me dejes tomar aire, quiero ahogarme en tu boca y cuando esté a punto de morir, me dejes respirar.
Ni siquiera recuerdo por qué te odié cuando me encontraste y me domaste como a la más salvaje de las yeguas. Hoy podría cargar con todo el peso de ti y lo que hay en tu cabeza, más enferma aún que la mía.
Siento que me gusta.
No quiero salir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario