Mi respiración son como espasmos.
Mi estómago pesa más que tu silencio y se retuerce mientras se va aclarando tras las cortinas.
¿Cuándo te volveré a ver?
Es imposible creer cuántas lágrimas pueden caber en mis ojos.
Podría construir océanos con ellas y dedicártelos a ti, a tu recuerdo y desamor.
Mientras más yo lo intente, más lejos estás. Y mi pecho es una jaula en la que están atrapadas muchas aves a punto de morir.
Quiero ser la primera en tu vida. El primer amor que te haga temblar. Tú eres como el primero. Maté a los anteriores, cuya presencia aplastaste con el mismo ímpetu con el que me llevabas a casa en tu moto, con las mismas ganas con las que me hacías el amor esa misma noche.
Quisiera ser la primera en morir por ti, la primera que tome tus manos y se deje caer en el exhalo de muerte, por quién mi corazón se detuviera, por quién mis ojos se apagaran.
Hoy estoy agotada, más que nunca y a tus pies puedes observar charcos de sudor, lágrimas y sangre, ofrendas que te dejo ésta noche de las muchas que vienen, y en las cuales sólo me congelo pensando, qué será de ti. Si me dejaste de amar o no.
Quiero ser la primera, pero la última también, pues los amores fugaces me desgastaron hasta matarme, pero tú, sólo tú tienes el poder de traerme a la vida por última vez.

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