viernes, 15 de enero de 2016

Dunas



Apaga las luces, no quiero que veas mi rostro después de haber llorado tanto, ya que te hará recordar a  aquellos malos sueños de los que despertabas muy asustado cuando eras niño, es decir, hace no mucho tiempo.
No quiero que me veas llorar cuando hagamos el amor otra vez, o tal vez sería mejor no vernos hasta que pasen las centurias necesarias para poder olvidarme de aquel, cuyas cadenas voy rompiendo poco a poco.
A veces sus imanes atraen lo que queda de grilletes en mis manos, porque paulatinamente él me busca como un detector de metales en la playa, para tomarme prisionera otra vez y separarme de mi ya tranquila soledad.
Mi cuerpo se ha convertido en un reloj de arena destrozado, ya perdí la noción de cuánto ha tomado él de mi juventud, yo supongo que más de la mitad, o tal vez toda. Me dejó como dunas que antes eran mar, baldía y muerta, sin la posibilidad de que otro habite en mí. Sin la posibilidad de que tú estés en mí, o siquiera te animes a acompañarme para apaciguar la ventisca que no me deja dormir en la madrugada, esa que está en mi cabeza revolviendo cada partícula suya en la que no deja de estar presente, sólo se mueve constantemente, pero siempre está en mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario