domingo, 3 de enero de 2016

Intermitente



Me gusta el color de tu piel en la madrugada, cuando ya casi amanece. Está en escala de grises, como si se tratara de un agradable recuerdo, pero se encuentra en mi más excelso presente.
Invades mi mente por completo y extiendes mi insomnio, no permites que nadie más entre en mí, acaparando todos mis sentidos en la candorosa tersura de tus manos, que, a la vez, son atrapa-sueños que reconfortan mi descanso.
Tu cabello es una aurora boreal que atrapé bajo mi techo, se enreda en mis dedos mientras éstos se esconden bajo tu cuello, protagonizando secretos que recordaremos al caer el telón de la noche.
No tengo prisa, aunque el tiempo pase más rápido; te tornaste tenue, para no distraer mis ojos con banal colorido y sólo poder trazar con mis manos todos tus rincones, a ciegas. No necesito más que tu tacto, tu aroma y el frescor de una ventana abierta para evitar ahogarnos en suspiros o en tu gemir intermitente.
Búscame en la oscuridad, no necesitarás nada más que tu boca.

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