domingo, 12 de enero de 2020

Ropa de fiesta.

5:45 a.m.

La luna se despide de mí tras ocultarse en la luz del sol. Mi caminar es constante y apático mientras cruzo el parque. Un anciano alimenta a las palomas y me lanza una mirada de indignación: ¿Qué hace una mujer en la calle a esas horas, y con ropa de fiesta?
Yo no soy una mujer, y mi ropa no es "de fiesta". Soy un espectro que divaga en los alrededores de su antigua morada. Estoy recogiendo mis pasos, que se desvanecen tras el humo de mi cigarrillo. Soy una tonta disfrazada de chica mala. Un pedazo de noche que se perdió en la mañana mientras buscaba algo para desayunar y así aliviar las quemaduras en mi estómago, heridas consecuentes de mi inapetencia y la falta de voluntad por continuar. Ayer la pasé bien, estuve rodeada de amigos verdaderos, pero es tan breve todo lo que me hace bien, que cuando termina, sólo quisiera que nunca más regrese. Tal vez así duela menos.

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