Mi ropa es pequeña, y se reprende a sí misma
Ante miradas inescrupulosas
cegadas en lodo:
estancadas, pero explosivas
ante el primer taxi que no detuve
y pasa apresurado junto a mí.
Tengo las piernas cansadas,
pero aún ansiosas
por ir más allá.
Y sin ralentizar ni un segundo
sigo un húmedo camino
que me acerca a ti.
No me importaría descartar mi paraguas
ni la densa neblina
Que nos conecta en ese mar de aire.
No me importa que,
en cada gota
e, incluso, cada partícula de nube
me esperes en secreto,
disimulando que, tal vez
no esperas nada.
Ésta vez llueve
pero no hace frío.
El bochorno me hace jadear;
es cálido a mi corazón
y entre mis muslos.
Mi ropa es mínima,
y fuiste tú quien me la puso
porque fuiste dueño de mi mente
a la hora de vestirme,
a la hora de llover
en medio de calores y caminos:
Dueño de la lluvia de verano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario