miércoles, 26 de febrero de 2025

Dosis



¡Qué calor!", oigo atrás de mí, en éste horroroso medio de transporte en el que estoy sentada desde hace unos cuarenta minutos, ensimismada en la pantalla de mi teléfono y moviéndome lo menos posible para no sudar. 

El dolor de la hernia no es fuerte, sólo algo molesto pero el olor... Eso sí es para valientes.

Me pongo a divagar un poco, dejando mi teléfono a un lado porque se recalentó, y pienso en cómo sería mi vida si yo no fuera tan arisca, o si hubiera terminado mi carrera, al menos, para alardear de algo.

Pienso en cómo hubiera sido si decidía quedarme en ese trabajo que tanto desgastaba mi alma, pero ahora tendría mucho dinero y, tal vez, un auto con aire acondicionado para no tener que estar soportando la inmundicia de las personas a mi alrededor.

Subió un hombre de mediana edad, con dientes maltratados, ropa vieja e insistiendo en qué le colaboremos y, más aún, le agradezcamos porque podría estar robándonos en éste momento.

"Ah, mira tú. ¡Gracias!", pensé tras una expresión hostil en mi rostro.

Tomé mi canguro y saqué unas monedas, las cuales le di a cambio de unos toffees de café.

Me comí uno. Después otro. Y otro más. Sólo es una minúscula dosis. Pero vaya que sí es poderosa. 

Adicción a la dopamina, ¡Ven a mí!

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