Soy transparente ante ti. Dejo de existir,
pues me he sometido para dejar que me encierres en tus ojos. El universo
comprimido en café bajo tus cejas, que proyectan un haz indescriptible: tu mirada.
Mis pies tiemblan y me dejo caer en ese cúmulo de estrellas, las que colecciono cuando el sol colinda en tus esferas de miel.
Mis pies tiemblan y me dejo caer en ese cúmulo de estrellas, las que colecciono cuando el sol colinda en tus esferas de miel.
Me has arrancado la máscara para descubrir
mi sonrisa maliciosa, pero yo sólo espero que lo hagas con el resto de mi ropa.
No importa qué tan desnuda esté, aún puedo
cubrir algunos de mis secretos con mis párpados, mientras que tú no me dejas
ver alguno de los tuyos, porque apagas tu propia luz para escondernos del mundo
mientras exploras las grietas y protuberancias de mi bosque prohibido.
Tus dedos son bisturíes dispuestos a mi total
fragilidad, pero al mismo tiempo soy el rastrillo que recorre tu espalda hasta
sembrar lo más salvaje de mí en lo carnal de tus desvelos.
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