Te desanimaste de mí, como quien rechaza y corta de raíz las rosas que se han secado, sólo para dar lugar a frescos claveles, que aunque no se comparen en absoluto a una rosa, están jóvenes y llenos de vida. No como yo: marchita y totalmente seca.
A pesar de que mis lágrimas fueron fundidas con el sol, me sequé, y ahora soy como un antiguo papiro en tus manos, que te cansaste de sostener y ahora dejaste con una historia incompleta y a punto de deshacerse en el olvido.
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