
Aciaga, inconsecuente y voraz
Observando hojas caer, árboles cremados.
Repito en mi cabeza que el sol me persigue
mientras de mis pechos cuido su blancura.
Ahora parpadeo, sin vivir
y exhausta vuelvo a casa,
una casa que no es hogar.
Riñas insensibles y rutinarias
me entierran en palabras vanas.
Siento rechazo hacia mis frutos
colgados en tu pared ingrata
Ignoro los minutos siguientes
porque sólo harán retrospectiva.
No importa la elocuencia de mis lágrimas
ni el trazo roto de mis muñecas,
sólo pienso en un futuro lejano
que igual de distante en tiempo
lo es también en espacio.
No soy una rosa marchita,
soy un ave fénix
y de tu cigarrillo consumido
me verás emerger.
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