jueves, 26 de noviembre de 2020

La superficie.


Desde el lugar más profundo de un mar virgen, la llama vuelve a encenderse. 

La burbuja desde la que viajé llegó a la superficie, y reparé en el amanecer más bello de todos, uno en el que tú me esperas con tus enormes ojos, gobernantes del océano, fijos en mí.

Llevas un tridente que haces sonar con melodías imposibles, al compás de tu cabellera de oro, que se torna de colores con las luces de un escenario en el que tú y yo solos estaremos.

Enciendo mi cigarro y te veo más hermoso que nunca, con cierto misticismo tras el humo que exhalo.

Tus manos son frías, pero tú mirada es como el reflejo del sol en la arena, y dora mi piel hasta sus últimos escombros. Viajé tanto sólo para poder tomar tus manos y sostener una sonrisa tuya en ese rostro fantasmagórico que ahora me demuestra ser el único al que debí iluminar con mi amor, ya que todos aquellos que dejé atrás no merecían ni un pensamiento, por más efímero que haya sido. Tú eres mi todo, e iré por ti.

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