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| Fotografía por: Luis Choza |
Nuestros encuentros son como las brasas en carbón. Tus ojos se llenan de chispas, aunque intentes disimularlo con ese enorme muro que logro calcinar con mi fuego. Me acerco a ti pisando esas cenizas con una soberbia que te fascina, al ser un espejo en el que te admiras a través de mí.
Al final, somos fieras que sucumben al calor y terminamos tan dóciles entre sábanas, que podríamos repetir mil veces el mismo final.
El ocaso pinta nuestros cuerpos salados y nos convertimos en un acantilado con fuertes olas, que salpican el muelle hasta dejarlo inhabitable por algunas tardes salvajes.
Tú y yo, hoy solos, sin una cámara que registre nuestro vaivén, ni nuestros cabellos enredados. Sin ojos curiosos, sin él y sin ella, que aún, ingenuos, nos piensan inocentes. Si supieran, estoy segura que jamás volverían, como nosotros que siempre cruzamos nuestros reinos al ocaso.

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