
Lamento ser esa muchacha que en vez de fortalecerse se debilita, y en vez de refinarse, se vulgariza. Lamento ser aquella mujer que odia los cosméticos y ama revolcarse en el verde pasto. Lamento ser aquella hija que no sabe coger bien los cubiertos en la mesa, y come en exceso sin importar el cuidado de su figura. Lamento haber escogido ser artista en vez de ser doctora, abogada, secretaria o alguna de esas profesiones que le vendrían a una mujer de "bien" como tú lo piensas. Lamento enamorarme siempre de rebeldes músicos, en vez de un buen ingeniero, o un banquero. Lamento ser desordenada, vestirme de una manera poco femenina y nunca peinar mis cabellos. Lamento tener tan pocas amigas e ir con mis amigos a embriagarme en bares de mala muerte cada vez que las penas o alegrías me dan motivo suficiente de celebrar. Lamento escupir mil "cucarachas y serpientes" de mi boca al ser grosera, así como tú me lo describes. Lamento haberle golpeado a compañeras cuyos padres son "educadísimos", es que a ti sólo te importa esa plausible hipocresía. También ensuciar mi ropa, y no aprender a lavarla. Lamento detestar hacer las tareas del hogar y preferir aprenderme letras de canciones, leer tonterías poco "católicas" o jugar esas estupidecillas que, según tú, no me sirven para nada. Lamento derrochar mi dinero en conciertos y borracheras en vez de comprarme ese precioso bolso gucci que me sugeriste la vez pasada, y también lamento la "verguenza" que pasarás al pensar en qué dirán de mi terceras personas, y en lo poco que a mi me importa. Lamento ser imperfecta, lamento ser humana. Lamento ser yo misma.
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