
No puedo contener por más tiempo la ira. Siento cómo nace desde mi pecho, recorriendo mis hombros y mis brazos, hasta filtrarse por la punta de mis dedos, a los cuáles yo ataco. Sin pensarlo obtengo lo que quiero: un dolor exquisito que puede ocultar tu risita asquerosa.
Son como trozos de metal oxidado, tus cuerdas bucales, que al friccionar me exacerban hasta incendiar mi mundo interior, uno en el que tú eres el único pequeño montículo de basura.
No es bueno odiar a alguien que nada te ha hecho, por eso no te odio. Pero aborrecer a alguien que te aborrece es sólo hacer justicia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario