sábado, 5 de marzo de 2011

Carta a mi madre.


Perdóname.
Hoy bebí demasiado y huelo mal.
Mis ojos se enrojecieron con pecado
y reflejaron mi muerte en pleno lecho.

Perdóname,
porque soy débil ante mi propia pena.
Por no ser lo suficientemente responsable
para darme cuenta de que sigo viva,
viva gracias a ti.

No soy como quisieras
y no puedo serlo tampoco.
No soy más que una errante cazadora de sueños,
sueños que se frustran y se hunden en un vaso.
Sueños de amor y felicidad
que culminan en la resequedad de mi boca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario