jueves, 14 de abril de 2011

Adiós, inhibidores de la monoaminooxidasa


¡Pero qué satisfactorio momento de alegría! Hoy no necesito de judas para cenar, ni pan. Sólo es necesario vino.
No existe más rencor en la concavidad de mi cráneo que anule las esperanzas del bienestar emocional. No hay más odio hacia aquel simple mortal que alguna vez amé y odié por su indiferencia. Se acabó todo aquello que era malo, y ahora todo es plateado.
Tú eres plateado. Hermoso y brillante. Encontré a quien tantos siglos esperé enterrada en un profundo hoyo, casi tan putrefacta en cuerpo y alma.
Me salvaste como un jardinero que encuentra un arbusto casi seco, a quien llenó de vida otra vez. Me encontraste entre vapores y tenue en mi propio martirio.
Ya no necesito más de estas mierdas. No necesito más vapores esmeraldas, no más temblor en mis dedos, no más llanto, no más veneno. Sólo un cigarro, tus pestañas y tu pecho. Sólo tinta, tus caricias y la noche.
No necesito más.
No necesito más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario